La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA) arrancó la Estrategia Nacional para la Prevención y Atención del Comportamiento Suicida 2026–2030. Esta iniciativa parte de la idea de que la conducta suicida involucra factores personales, familiares, sociales y comunitarios, por lo que requiere unir y potenciar el trabajo de distintas instituciones. Para lograrlo, la política pública coloca al centro a las personas y se sostiene en tres pilares: la evidencia científica, los derechos humanos y la pertinencia territorial [1].
En la estrategia participan diversas dependencias como IMSS, ISSSTE, SEP, Secretaría de la Defensa Nacional, SIPINNA, entre otros. Cabe mencionar que México ya tiene avances y herramientas dirigidos a la prevención y atención del suicido, entre ellas el Código 100 y la Línea de la Vida, de la cual se reportó que «cerca del 80 por ciento de las llamadas recibidas son resueltas mediante orientación técnica durante la propia llamada» [2]. El plan busca definir claramente responsabilidades, capacitar a primeros respondientes y coordinar comisiones estatales para que la ayuda llegue de manera real a cada región del país [3].
Esta estrategia acierta al convocar a distintos sectores, pero su éxito real dependerá de qué tan capaz sea de fortalecer los vínculos comunitarios y familiares, evitando enfoques burocráticos. Cuidar la vida exige ir más allá de los protocolos técnicos: requiere cercanía humanizada, respeto a la dignidad de cada ser humano y un respaldo que fortalezca a las familias para ser el primer refugio y apoyo ante la adversidad.
ConParticipación
Fuentes:
[2] Ibid.
[3] Ibid.