El informe “Report Card 19: El bienestar de la infancia en un mundo impredecible”, publicado en mayo de 2025 por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), revela que el bienestar infantil en México ha disminuido significativamente. El informe señala que esto se debe al impacto de la pandemia de COVID-19 y al aumento de fenómenos climáticos extremos como las olas de calor y las inundaciones. México ocupa el lugar 34 de 43 países en indicadores de salud mental, condición física y habilidades académicas, con un retroceso educativo severo. Hasta marzo de 2022, muchas escuelas permanecieron cerradas total o parcialmente hasta por 81 semanas. Esta interrupción afectó a millones de niños, quienes ahora carecen de conocimientos básicos de lectura, escritura y matemáticas. Además, 13.1 millones de estudiantes perdieron clases en 2024 en México debido al clima extremo, y 250 000 niños fueron desplazados por desastres naturales en todo el mundo [1].
El informe también resalta un deterioro en la salud mental y emocional de la infancia en México, donde disminuyó significativamente la satisfacción vital, especialmente entre las niñas. Menos de la mitad de los niños en el país reportaron sentir empatía, y México figura entre los últimos lugares en interacción familiar, con apenas 59% de los adolescentes que pueden hablar con sus padres al menos una o dos veces por semana. A diferencia de algunos países europeos que reportaron mejoras, México no mostró avances en ninguna de las áreas clave evaluadas por Unicef, como sobrepeso, educación, socialización o salud mental, lo que subraya una crisis profunda en el bienestar infantil [2].
Estos informes sirven para observar la realidad que enfrentan los niños y adolescentes en México en materia de bienestar infantil. Lamentablemente, con el paso de los años vemos que no hay mejoras, sino retrocesos. Las pandemias y los fenómenos climáticos no se pueden prevenir, sin embargo, la toma de decisiones para estabilizar y controlar las situaciones son clave para reducir el impacto en la población. Urge que tomadores de decisiones, entre ellos gobiernos y padres de familia, implementen acciones a corto y largo plazo dirigidas a mejorar el bienestar de niños y adolescentes. Lo que las familias hagan para intervenir en la formación y el bien de sus hijos, es un pilar clave y diferenciador en los menores.
ConParticipación
Fuentes:
[2] Ibid.