El 18 de marzo de 2025, el Congreso de la Ciudad de México aprobó una reforma que marca un punto de inflexión en uno de los debates culturales y éticos más relevantes de nuestra historia reciente: el maltrato animal y las corridas de toros. A través de una iniciativa ciudadana respaldada por más de 27 000 firmas, y gracias a un consenso político, se determinó que en la capital solo podrán celebrarse espectáculos taurinos que no impliquen maltrato, lesiones ni la muerte del toro [1].

El análisis detrás del “consenso”

La iniciativa fue presentada como un acto de equilibrio. Ni prohibición total ni continuidad del espectáculo tradicional. En palabras legislativas, se alcanzó una solución de consenso, libre de violencia y respetuosa de la tradición. Pero en la práctica, el resultado ha sido percibido por muchos como una medida políticamente conveniente, más que una transformación real.

Visto desde afuera parecería que se llegó a un buen acuerdo con dicha iniciativa, tanto para quienes están en contra del maltrato animal, porque se preserva la vida del toro, como para los que están a favor de la tauromaquia, porque la tradición se sigue permitiendo. Pero, ¿es realmente así? Lo comentaremos más adelante, pero algo que sí podríamos pensar es que esta iniciativa funge como una medida política para tratar un tema relevante para la sociedad, aunque en realidad aún no resuelve el asunto de fondo.

En el desarrollo de este blog nuestra intención es generar más preguntas que respuestas con respecto a la tauromaquia, el maltrato animal, y la responsabilidad de los seres humanos con el resto de la naturaleza.

La tauromaquia como símbolo cultural

La tauromaquia es una tradición española, heredada por México durante la época colonial. Con el paso del tiempo, ciertos sectores y regiones de la sociedad mexicana la tomaron y adaptaron como parte de sus propias expresiones culturales. Aunque no forma parte de las raíces indígenas ni de las costumbres originarias, ha llegado a ser en algunas regiones una práctica que genera identidad.

Un ejemplo de ello es en lugares como Aguascalientes, Tlaxcala y Jalisco, en donde las ferias anuales giran en gran parte alrededor de las corridas de toros. En algunas regiones la tauromaquia genera empleos directos e indirectos; como ejemplos están los ganaderos, toreros, organizadores de eventos, trabajadores de plazas, etc. Tan solo en estados como Zacatecas y Querétaro, las corridas de toros representan ingresos significativos durante sus ferias regionales.

No obstante, no podemos decir que su importancia cultural lo viven todos los mexicanos, muchos nunca han asistido a una corrida y un número importante las rechaza abiertamente. Esto abre la puerta a una pregunta incómoda pero relevante: ¿hasta qué punto una tradición debe conservarse si entra en tensión con los valores éticos contemporáneos?

En la segunda parte del blog seguiremos reflexionando sobre el dilema que se genera entre quienes apoyan las corridas de toros y quienes están en contra del maltrato animal.

ConParticipación

Fuente:

[1] https://www.congresocdmx.gob.mx/comsoc-aprueban-corridas-taurinas-libres-violencia-6170-1.html