Esta semana es la Semana Santa y en ella muchas personas hacen una pausa en su vida rutinaria. La mayoría de las oficinas cierran jueves y viernes, los estudiantes descansan toda la semana, y muchas familias aprovechan para viajar o reunirse. La Semana Santa tiende a ser “floja” laboralmente hablando porque es el único periodo en el que muchas personas pueden tomar vacaciones. Es un tiempo anhelado por muchos, pero muy probablemente no por las razones reales, ¿y cuáles son esas razones? La conmemoración de varios hechos religiosos importantes para la fe católica y para otros credos cristianos.  

En ConParticipación hemos decidido aprovechar este momento en que muchas personas se encuentran descansando y probablemente asistiendo a algún culto religioso cristiano, para reflexionar sobre una contradicción dolorosa: la misma fe que da sentido a estas fechas suele ser objeto de burlas, desprecio y ataques por parte de algunas personas que, paradójicamente, también se benefician de los días destinados para el recogimiento, la oración y la reflexión.

La fe católica como raíz cultural de los mexicanos

La historia de México está profundamente ligada con la fe católica. Desde la llegada de los evangelizadores en el siglo XVI, los esfuerzos por compartir la religión católica dieron como resultado un puente que construyó una comunidad con pueblos con quienes pocas cosas se tenían en común. La fe se enseñó y arraigó  a través del arte, las celebraciones comunitarias, y muchas otras costumbres, de esta forma, además de lograr transmitirla, se construyó una identidad y sentido de pertenencia. Algunos ejemplos de ello y que se preservan dentro de las costumbres de los mexicanos hasta hoy en día son las procesiones o representaciones de Semana Santa; pensemos en una de las más famosas, la de Iztapalapa en la Ciudad de México. También están las peregrinaciones a la Basílica de Guadalupe y a tantos otros santuarios marianos en distintas ciudades de México, como San Juan de los Lagos o Zapopan (Jalisco), y otras como la tradicional marcha nacional juvenil al Cerro del Cubilete en Guanajuato. Y qué decir de los nacimientos en Navidad, las posadas, la costumbre de presentar en el templo a los niños que cumplen tres años, y tantas otras tradiciones que siguen vivas porque tocan algo muy profundo en la vida de los mexicanos.

En muchos pueblos y colonias, la iglesia no es solo un edificio religioso, sino que es el corazón del lugar. Las campanas marcan el ritmo del día, las fiestas patronales unen generaciones, y la fe ofrece consuelo en medio del dolor. Hablar de México sin hablar del catolicismo es dejar fuera una parte esencial que nos da identidad.

Expresiones culturales que atacan o ridiculizan la fe

Sin embargo, también es común ver cómo se ridiculiza esa misma fe que tanta identidad da a la Nación. En redes sociales, medios de comunicación o expresiones artísticas, se ha vuelto común la burla de figuras religiosas, la desacreditación de prácticas devocionales, y una actitud de desprecio hacia quienes aún se atreven a creer con sencillez. No se trata de una crítica constructiva ni de debates respetuosos, sino de una humillación pública hacia lo que para muchos es sagrado.

La libertad de expresión es valiosa, pero constantemente se confunde con burlarse y ridiculizar deliberadamente a otros, en este caso, de la fe de muchos mexicanos. Valdría la pena reflexionar: se pide respeto a las ideas o creencias, pero ¿por qué no es equitativo este respeto? Los credos cristianos promueven muchos valores que son beneficiosos para toda la sociedad, y además, se supone que estamos en un país donde hay libertad de culto. Quizá valdría la pena practicar el respeto hacia la espiritualidad de tantos mexicanos que practican el cristianismo, el mismo respeto que muchos piden a sus creencias personales.

Resulta irónico que muchos de los que desprecian la fe católica no tengan problema en aprovechar sus beneficios. El Jueves y Viernes Santo, el día de la Virgen de Guadalupe, o la Navidad, son días marcados por la religiosidad y, sin embargo, son aprovechados por todos para descansar, sin importar si se comparte la creencia o no.

La religión católica no es perfecta, la institución es llevada por hombres y por lo tanto es siempre perfectible, pero eso no justifica que se ataque la vivencia espiritual de millones de personas que encuentran en ella consuelo, propósito y esperanza. 

ConParticipación