Nuevos estudios epidemiológicos advierten que los tatuajes podrían aumentar el riesgo de desarrollar cierto tipo de linfoma y cáncer de piel. El estudio más amplio, publicado en eClinicalMedicine en 2024 en Suecia, encontró que las personas tatuadas tienen un 21% más de riesgo de linfoma. Un estudio danés de gemelos de 2025 encontró además un 62% más de probabilidad de desarrollar cáncer de piel en los gemelos con tatuajes, además, los tatuajes más grandes están asociados a un riesgo hasta 2.7 veces mayor de linfoma. Los investigadores señalan que los pigmentos contienen metales pesados y compuestos carcinogénicos que las células inmunitarias transportan al sistema linfático, donde persisten durante años [1].
Aunque la evidencia actual muestra una asociación epidemiológica, aún no establece causalidad definitiva. Desde el punto de vista regulatorio, la Unión Europea implementó normas más estrictas sobre ingredientes en tintas mediante el Reglamento REACH en 2020. Es imperativo que las autoridades sanitarias refuercen la regulación e informen a la población sobre estos riesgos, pues la falta de acción contribuye a normalizar una práctica que podría tener consecuencias graves e irreversibles para la salud [2].
La decisión de tatuarse debe darse en un contexto informado y seguro. Las investigaciones recientes confirman que existen factores de salud que deben considerarse y que las leyes deben ajustarse para cuidar que los aparatos y las sustancias químicas empleadas no causen daño a las personas. Los estudios actuales ofrecen indicios de una posible relación entre los tatuajes con algunos tipos de cáncer. Es necesario que las instituciones de salud den a conocer estos estudios para que las personas puedan tomar una decisión más informada.
ConParticipación
Fuentes:
[2] Ibid.