El regreso a clases no es solo una fecha en el calendario escolar, es un punto de reinicio dentro de la dinámica familiar. Después de semanas de vacaciones, de horarios más relajados y días de descanso, la rutina escolar vuelve a ser la brújula que marca los tiempos en casa.
Para los padres, este momento suele estar cargado de sentimientos encontrados, por un lado, la alegría de que los hijos retomen su aprendizaje, convivan con amigos y crezcan en experiencias; y por otro, la preocupación por organizarse mejor, lograr que se adapten a los cambios y acompañarlos en sus retos académicos y emocionales.
El reto no es menor: niños y adolescentes atraviesan una etapa en donde el orden, el descanso y la compañía de los padres hacen toda la diferencia. Por eso, el inicio del ciclo escolar se convierte en un espacio privilegiado para establecer rutinas, reforzar buenos hábitos y, al mismo tiempo, revisar cómo se está usando la tecnología en casa.
La importancia de las rutinas en la niñez y adolescencia
Las rutinas en ocasiones se ven como algo negativo, como si fueran imposiciones rígidas, cuando en realidad funcionan como una guía que da seguridad a los menores. Cuando un niño sabe a qué hora se despierta, qué espacio tiene para estudiar, en qué momento juega o se prepara para dormir, experimenta una sensación de estabilidad que impacta en todo su desarrollo. La incertidumbre puede generar estrés y descontrol en adultos, imaginemos lo que ocasiona en niños y adolescentes que no saben cómo se conforma su día.
Los especialistas coinciden en que los niños con rutinas claras muestran menos niveles de ansiedad, mejor rendimiento académico y mayor capacidad de adaptación a cambios [1].
Algunas prácticas concretas que ayudan a establecer rutinas pueden ser:
- Definir una hora fija para dormir y despertar. El sueño es clave para la memoria y la concentración.
- Preparar mochilas y uniformes desde la noche anterior para evitar las prisas matutinas.
- Asignar un espacio fijo y ordenado para hacer la tarea. La constancia del lugar ayuda al cerebro a entrar en “modo estudio”.
- Incluir en la rutina momentos de juego, deporte o momentos en familia: no todo debería ser escuela o pantallas.
Buenas prácticas para un regreso exitoso
Además de las rutinas, hay hábitos prácticos que facilitan el regreso a clases y que se pueden implementar sin grandes complicaciones:
- Planificar con antelación. Anticiparse evita el estrés. Hacer un calendario visible con horarios de escuela, actividades extracurriculares y tiempo libre ayuda a toda la familia a organizarse y a formar parte de las actividades de otros.
- Involucrar a los hijos en las responsabilidades. Permitir que participen en preparar su lunch, revisar su lista de útiles o gestionar su agenda escolar fomenta autonomía y compromiso.
- Promover la comunicación diaria. Más allá de preguntar “¿cómo te fue?”, es clave abrir conversaciones sobre lo que sienten, los amigos que hacen, las dificultades que enfrentan. Estos espacios de diálogo generan una relación personal entre papás e hijos.
- Mantener un ambiente positivo en casa. El tono con el que los padres hablan de la escuela influye directamente en la actitud de los hijos hacia ella. De la misma manera, enfrentar los retos que surjan desde una postura positiva y esperanzadora, permite que los niños y adolescentes aprendan a enfrentar su día a día desde esa misma actitud.
Estas buenas prácticas generan un entorno donde los hijos saben que no están solos en sus retos, sino que cuentan con el respaldo de una familia que los acompaña.
Tecnología y pantallas: ¿aliados o enemigos?
Hoy no podemos imaginar un regreso a clases sin hablar de tecnología. Las computadoras, tabletas y celulares son parte de la vida escolar y social de los niños y adolescentes. Sin embargo, también sabemos que el uso excesivo de pantallas puede tener efectos negativos en el desarrollo físico, cognitivo y emocional.
La psiquiatra Marian Rojas Estapé, en sus conferencias y publicaciones, explica que vivimos “intoxicados de cortisol”, es decir, en un estado de alerta permanente provocado en buena parte por la sobreexposición a pantallas y a la hiperconexión digital. Esta situación afecta directamente la concentración, la calidad del sueño y la regulación emocional, lo que en los niños se traduce en mayor irritabilidad y ansiedad [2].
Una primera reflexión que podemos hacer es que el uso excesivo de pantallas no es un problema exclusivo de los niños y adolescentes, sino un reto que también enfrentamos los adultos. Los algoritmos y la facilidad con que podemos pasar tiempo frente a la tecnología están transformando la manera en que nos relacionamos. Por ello, si consideramos importante reducir el tiempo de exposición a las pantallas, lo congruente es que todos los miembros de la familia adopten un uso consciente y con un propósito real de estos dispositivos.
No se trata de prohibir ni de asustar. Se trata de tomar conciencia: las pantallas son herramientas útiles, pero requieren límites para no crear dependencia.
Te compartimos algunas recomendaciones para un uso saludable de la tecnología:
- Definir momentos y tiempo de uso de la tecnología: saber que hay momentos para todo, ayuda a comprender que a la hora de la comida, no se usan las pantallas, por ejemplo. La tecnología puede ser una herramienta de búsqueda e investigación al momento de hacer tarea o también se puede usar para el ocio y entretenimiento, pero tener la claridad de que hay momentos para todo, ayuda a que los menores generen criterio para el uso de la tecnología. Asimismo, ponerse límites para el uso es importante, para dar espacio a otro tipo de actividades.
- Desconectarse antes de dormir: tener reglas como que en ningún cuarto haya pantallas o limitar su acceso al menos una hora antes de dormir, favorece el descanso y permite terminar el día sin tanto ruido externo.
- Acompañar en la navegación: conocer qué contenidos consumen los hijos, con quién interactúan y qué redes sociales usan, te permite estar cerca y conocer el mundo de tus hijos, así como prevenir riesgos.
- Promover alternativas: deportes, juegos de mesa, paseos familiares o simplemente tiempo de conversación, ayuda a los menores a darse cuenta del mundo que los rodea y que hay mucho más allá de las pantallas.
Una iniciativa para considerar
El Movimiento No Es Momento es una iniciativa impulsada por padres de familia para promover infancias saludables. Su propósito es fortalecer la conexión humana, fomentar el juego libre y reducir el tiempo que niños y adolescentes pasan frente a pantallas. Por ello promueven un compromiso colectivo para aplazar la entrega del primer smartphone y el acceso a redes sociales. Para lograrlo, invitan a los interesados a suscribirse al acuerdo «No Es Momento», que implica aplazar la entrega del primer smartphone hasta al menos los 14 años, y a posponer el acceso a redes sociales hasta los 16 años. Como alternativas, se sugiere el uso de dispositivos más simples, como teléfonos básicos o relojes con capacidad de llamadas limitadas, que brindan comunicación sin los riesgos y distracciones de un smartphone [3].
Si te interesa sumarte a la iniciativa la puedes encontrar aquí: https://www.movimientonoesmomento.com/
Presencia y equilibrio
El inicio de un nuevo ciclo escolar es una invitación a los padres a reenfocar prioridades. Más allá de los útiles y las listas interminables, lo que realmente transforma la vida de los hijos es la presencia, la atención y el acompañamiento de sus padres.
Las pantallas pueden ser un apoyo para aprender, pero nunca reemplazarán la calidez de un abrazo, la paciencia de una explicación o la alegría de compartir en familia.
Educar hoy significa ayudar a los hijos a vivir en equilibrio: rutinas claras, hábitos saludables, uso responsable de la tecnología y, sobre todo, la certeza de que cuentan con una familia que los acompaña en cada paso.
Este regreso a clases, hagamos de la rutina un aliado y de la tecnología una herramienta bien utilizada, para que los hijos no solo aprendan más, sino que vivan mejor.
ConParticipación
Fuentes:
[2] https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Marian-Rojas-Estape-pantallas-y-TikTok-20230519-0013.html?