Ante la necesidad de ofrecer criterios claros para la toma de decisiones al final de la vida, la Arquidiócesis de Monterrey y ConParticipación organizaron una Mesa de Tesis titulada “Voluntad anticipada. Decisiones al final de la vida”. El objetivo era el de  brindar información relevante y un análisis profundo que pusiera al centro la dignidad humana y el valor de los cuidados paliativos frente a la inminencia de la muerte.

En esta ocasión invitamos a la Maestra Alma Belén Vergara, profesional con un perfil multidisciplinario en Derecho, Psicología y Ciencias de la Familia, capacitadora y docente con más de 20 años de experiencia. En su ponencia nos introdujo el tema de las decisiones humanas, médicas y legales ante la inminencia de la muerte, reactivadas en la discusión pública internacional a raíz de casos de gran impacto mediático, como el de la joven española Noelia Castillo. En este blog te compartimos a manera de resumen una primera parte de la ponencia.

1. El enfermo terminal: deconstrucción del concepto y vulnerabilidad

La Maestra Vergara inició estableciendo los pilares conceptuales indispensables, advirtiendo que la palabra «terminal» suele ser imprecisa y ambigua en el lenguaje cotidiano, lo cual coloca frecuentemente a los pacientes en una situación de inferioridad real o de desatención.

La pérdida percibida de la humanidad y los miedos fundamentales

La condición de enfermedad terminal sitúa al ser humano en un escenario de crisis en sus diferentes dimensiones humanas. La ponente destaca que el enfermo experimenta una supuesta «pérdida de su humanidad», no porque deje de ser persona, sino porque el entorno lo tiende a cosificar debido a su deterioro. La sociedad o el entorno médico a menudo los reduce a un «cuerpo que sufre», ignorando su dimensión integral (psíquica, social y espiritual). En esta etapa emergen los miedos a la muerte, al dolor físico descontrolado, y el temor a perder la autonomía, lo que convierte al individuo en un ser dependiente, vulnerable y, por ende, potencialmente explotable o manipulable por terceros.

Ante este panorama la Maestra Vergara enfatiza una verdad antropológica que suele olvidarse en las instituciones de salud, expresando una sentencia muy relevante: «Tenemos que ver y seguir viendo siempre a la persona como este ser integral».

Definición clínica del paciente terminal

Para efectos médicos y bioéticos, el paciente terminal se define formalmente como aquel sujeto críticamente enfermo cuya muerte será inevitable en una fecha cercana, a pesar de que se hayan empleado todos los esfuerzos, conocimientos y tecnologías al alcance de la ciencia médica para intentar mejorar su salud o revertir el proceso patológico.

Derechos fundamentales del enfermo en la etapa final

La ponente subrayó la necesidad urgente de que los profesionales de la salud, las familias y las instituciones reconozcan los derechos del paciente terminal, a fin de brindarle una muerte verdaderamente digna. Estos son:

  1. Derecho a vivir plenamente hasta el último momento en sus máximas potencialidades.
  2. Derecho al alivio del sufrimiento físico, espiritual y emocional.
  3. Derecho a la información adecuada o a rehusarse a recibirla.
  4. Derecho a ser el eje central de las decisiones médicas a tomar.
  5. Derecho a la no prolongación indefinida del sufrimiento solo para sostener funciones vitales.
  6. Derecho a que sus familiares sean tomados en cuenta antes y después del fallecimiento.
  7. Derecho a morir de la forma más confortable y apacible posible.

2. Eutanasia, ortotanasia y distanasia

Frente a la realidad ineludible de la muerte y el dolor, la condición humana se cuestiona constantemente sobre el sentido y el objetivo del sufrimiento. Cuando el dolor físico impacta a una persona, no lo hace de forma aislada, sino transversal; altera la dimensión emocional, mental y espiritual. Por ello, la ponente expuso que al mitigar el dolor biológico se abre la puerta para pacificar las demás dimensiones del ser.

Para abordar lo anterior, se definen los tres conceptos que determinan la praxis médica al final de la vida, representados comúnmente como dos extremos destructivos y un centro ético y equilibrado:

a. La eutanasia: intención y métodos

Derivada de las raíces griegas eu (bueno) y thanatos (muerte), la eutanasia significa etimológicamente «el bien morir». Pero el concepto de “bien morir” tiene un significado distinto desde el punto de vista ético —y distinto al que se maneja hoy en los medios o incluso en algunas discusiones legales—, que se explicará más adelante. La definición de eutanasia que expuso la ponente es: “Conducta intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona que padece una enfermedad grave e irreversible, ya sea por motivos de compasión o por razones médicas”.

La ponente enfatizó que la eutanasia debe analizarse bajo dos variables críticas:

  • El nivel de las intenciones: existe eutanasia cuando la meta directa de la acción es provocar la muerte o acelerarla. Para delimitar esto con claridad frente al uso de analgésicos que pueden debilitar al paciente, la Maestra Vergara aclara de forma tajante: «La eutanasia se sitúa al nivel de las intenciones». Por lo tanto, no hay eutanasia cuando la intención primaria es aliviar el sufrimiento del enfermo terminal, incluso si los fármacos administrados conllevan el riesgo secundario de abreviar la vida de manera indirecta (principio del doble efecto).
  • El nivel de los métodos: la eutanasia puede ejecutarse por acción (suministro directo de sustancias letales) o por omisión (retirada o negación de terapias normales u ordinarias indispensables para el sustento de la vida, tales como la hidratación, el alimento o el soporte respiratorio básico).

b. La distanasia (encarnizamiento terapéutico)

Situada en el extremo opuesto a la eutanasia, la distanasia es la prolongación artificial e innecesaria del sufrimiento de una persona con una enfermedad terminal. Se manifiesta a través de tratamientos y acciones desproporcionadas que calman los síntomas de manera parcial o mantienen las funciones vitales del cuerpo, pero con el inconveniente de alargar la agonía sin considerar la calidad de vida real del enfermo.

La ponente define tres características clave del encarnizamiento terapéutico:

  1. Inutilidad de la terapia: aplicar procedimientos médicos (como maniobras de reanimación en pacientes agónicos o la administración de fármacos invasivos) que ya no tienen efectos curativos reales.
  2. Imposición de penalidades adicionales: someter al enfermo en sus últimas horas a traslados hospitalarios innecesarios, intervenciones dolorosas o situaciones que vulneran su intimidad.
  3. Desproporción de los medios: utilizar recursos extraordinarios cuyos riesgos y sufrimientos superan con creces los beneficios previsibles.

La Maestra Vergara ilustró esto compartiendo un caso real: el fallecimiento de una amiga cercana debido a un cáncer de hígado avanzado. En la fase crítica, el cuerpo médico propuso a la familia la posibilidad de buscar un trasplante de órgano. Sin embargo, la paciente, haciendo uso de su lucidez y en consenso con su familia, determinó que someterse a un procedimiento de tal magnitud carecía de sentido clínico, ya que no garantizaba la curación y solo añadía un sufrimiento extremo a esa última etapa. Decidieron no llevar a cabo la intervención agresiva y optar por un camino que estuviera más acorde a la forma en que ella quería pasar sus últimos días. 

c. La ortotanasia
Consiste en permitir que la muerte ocurra en su tiempo natural, cuando deba ocurrir. Bajo este enfoque, los profesionales de la salud no buscan adelantar el fallecimiento ni posponerlo de manera artificial. Su labor se concentra en otorgar al paciente todos los cuidados orientados a disminuir el sufrimiento, respetando rigurosamente el curso biológico de la enfermedad. La propuesta fundamental de las leyes de voluntad anticipada de carácter ético debe ser siempre la promoción de la ortotanasia.

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3. Los cuidados paliativos como sustento de la dignidad humana

Como respuesta operativa y médica a la ortotanasia, surgen los cuidados paliativos. La ponente aclaró un aspecto central: el objetivo de la medicina paliativa no es el aumento cuantitativo del tiempo de vida (cantidad), sino la mejoría sustancial de las condiciones en las que el paciente vive ese tiempo restante (calidad).

Un enfoque multidimensional e integral

Los cuidados paliativos atienden al enfermo en sentido pleno, ubicándolo como un ser dotado de dimensiones físicas, psíquicas, sociales y espirituales. Implican la interacción de un alto nivel de competencia profesional médica y un profundo interés humano por salvaguardar la dignidad inviolable de la persona.

La Maestra Vergara rescató una cita histórica de Giuseppe Moscati, eminente médico e investigador italiano, quien recordaba a sus colegas: 

«Pensad que vuestros pacientes tienen un alma. Todos comprenden que el hombre no es solo materia, por tanto, no puede ser ignorada su dimensión espiritual y su dignidad inviolable». 

De este modo, los cuidados paliativos se convierten en un puente que involucra de forma activa a tres actores: el enfermo, el personal de salud y el núcleo familiar.

Componentes fundamentales de la atención paliativa

De acuerdo con la exposición, los cuidados paliativos abarcan diversas áreas de intervención:

  • Cuidados sanitarios y control del dolor: consiste en suavizar el sufrimiento físico mediante el control estricto del dolor crónico. Si se mitiga el dolor, el paciente experimenta un alivio generalizado que le devuelve la claridad mental y emocional necesaria para resolver asuntos pendientes (afectivos, legales o espirituales).
  • Cuidados corporales y de confort: acciones enfocadas en la higiene, cambios de posición para evitar úlceras, masajes y la comodidad general del cuerpo del enfermo.
  • Cuidados psicológicos y espirituales: brindar espacios formales para que personal competente acompañe al enfermo en su proceso de asimilación de la muerte y en su necesidad de trascendencia.

Elementos de fondo y el cuidado del cuidador

Las bases de la medicina paliativa descansan en la aceptación de los límites naturales de la vida, el amor al prójimo, la disponibilidad para el acompañamiento y la confianza mutua entre el enfermo y el equipo médico. Asimismo, la ponente introdujo un concepto que no suele tomarse en cuenta: el cuidado del cuidador. El desgaste físico y emocional de quienes atienden de primera mano a un enfermo terminal es tan severo que requiere de apoyo específico para evitar el colapso del núcleo familiar.

4. Medios de sostén vital y el principio de proporcionalidad

Para evitar caer en la distanasia o en la eutanasia por omisión, la bioética y el derecho médico hacen una distinción entre los cuidados normales u ordinarios y las intervenciones propiamente terapéuticas.

Cuidados normales o de sostén vital básico

Se consideran cuidados ordinarios la alimentación, la hidratación, la ventilación básica y la higiene. La Maestra Vergara recalcó que estos actos no tienen como fin curar una patología, sino sostener la vida biológica elemental y manifestar el deber humano de cuidar.

Para explicar la transición clínica que ocurre cuando un cuerpo entra en fallo terminal irreversible y los tratamientos dejan de surtir efecto, la ponente expresó sobre los cuidados paliativos que “al no ser tratamientos médicos experimentales o agresivos en sentido estricto, los soportes básicos nunca deben suspenderse de forma arbitraria mientras aporten un beneficio básico de bienestar o confort al paciente”.

El principio de proporcionalidad terapéutica

Para la administración de fármacos complejos, cirugías paliativas o soportes tecnológicos avanzados, la toma de decisiones debe regirse por el principio de proporcionalidad. Este principio sostiene que existe una obligación moral de implementar aquellas medidas médicas que guarden una relación equilibrada entre los medios empleados (costo, dolor, invasividad, riesgos) y el resultado previsible (alivio real, ganancia de confort). Si el medio empleado produce más sufrimiento que el beneficio que aporta, se transforma en desproporcionado y es éticamente lícito rechazarlo o suspenderlo.

Uso de analgésicos potentes

Un punto de frecuente confusión ética es el uso de analgésicos fuertes (como los derivados opioides) en la fase terminal. El dolor crónico impide que el individuo viva sus últimos días con serenidad. Por lo tanto, la ponente aclaró la postura bioética:

  • Es plenamente lícito aplicar analgésicos para mitigar el dolor, incluso si la dosis requerida comporta el riesgo secundario de abreviar la existencia biológica del paciente o disminuir su estado de conciencia (sedación paliativa).
  • La condición moral implícita es que no exista otro medio eficaz para aliviar el dolor y que, en la medida de lo posible, se le haya otorgado previamente al paciente el tiempo oportuno para cumplir con sus obligaciones civiles (como tener en regla su testamento o arreglar asuntos patrimoniales) y religiosas (por ejemplo, en el caso de la religión católica, recibir los sacramentos de la confesión y la unción de los enfermos). La intención es exclusivamente anestésica y compasiva, diferenciándose radicalmente de la intención destructiva de la eutanasia.

En la segunda parte de este tema, compartiremos el análisis que la Maestra Vergara nos brindó sobre el marco legal e histórico mexicano de la eutanasia.

ConParticipación

Fuente:

Mesa de tesis » Voluntad anticipada. Decisiones al final de la vida», 17 de abril de 2026, en: https://www.youtube.com/watch?v=9_vIpsXc-RI