El 7 de junio el precandidato presidencial colombiano Miguel Uribe Turbay sufrió un atentado durante un mitin en Bogotá, hecho que conmocionó al país y revivió el recuerdo de épocas marcadas por la violencia política en ese país. Uribe, senador del partido Centro Democrático y nieto del expresidente Julio César Turbay, recibió disparos en la cabeza y en una pierna, y permanece en estado crítico. El ataque, ejecutado presuntamente por un menor de 15 años ya detenido, ocurrió en un contexto de tensión política por la reforma laboral impulsada por el gobierno de Gustavo Petro, a la que Uribe se oponía firmemente [1]. 

Las autoridades investigan posibles vínculos con una red de sicarios y hay más de cien agentes que están involucrados con el caso. El presidente Petro condenó el atentado y cuestionó la reducción del esquema de seguridad del senador. La noticia ha generado una ola de solidaridad dentro y fuera de Colombia, con llamados a la unidad y a rechazar el uso de la violencia para silenciar a voces opositoras [2]. 

Es preocupante observar que en numerosos países suceden atentados contra figuras políticas, lo que ocasiona un debilitamiento de la democracia. Vemos cómo algunos grupos de interés están utilizando medios violentos para impedir que sea la población la que tome las decisiones acerca del rumbo que debe seguir un país.

ConParticipación

Fuentes:

[1] https://www.bbc.com/mundo/articles/cx2e7em1ypvo

[2] Ibíd.