En los últimos años, Venezuela ha sido escenario de una transformación profunda en el tejido político y social del país. La prolongación del mandato de Nicolás Maduro, quien ha estado en el poder desde 2013, se ha traducido en una creciente polarización que ha opacado la confianza de los venezolanos en las instituciones. Este clima de división no solo afecta la convivencia diaria, sino que también socava las bases mismas de la democracia.
En este blog explicaremos cómo la estrategia de perpetuación de Maduro en el poder ha provocado una crisis de confianza en las estructuras estatales, que a su vez ha generado un ambiente de desilusión en los ciudadanos.
Antes de entrar en materia resumamos lo que ha sucedido.
El 10 de enero de 2025 Nicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela por tercer periodo consecutivo, en medio de un ambiente político tenso y marcado por denuncias de fraude electoral. La ceremonia, que contó con el respaldo de los militares y otros poderes del Estado, se realizó en un contexto de protestas masivas, en el que se destacó la detención provisional de la líder opositora María Corina Machado, quien posteriormente fue liberada [1].
El proceso electoral generó controversia, ya que, según la oposición, las actas de las máquinas de votación electrónica demostraron que Edmundo González Urrutia había obtenido el doble de votos que Maduro. Sin embargo, las autoridades electorales y la Corte reafirmaron la victoria del mandatario sin proporcionar pruebas, lo que provocó protestas que tuvieron como consecuencia más de 20 muertos y miles de arrestos [2].
La situación se ha visto agravada por la presión internacional: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó a González Urrutia como el «presidente electo», y varios países han rechazado la legitimidad de Nicolás Maduro, llegando incluso a romper relaciones diplomáticas [3]. Toda esta situación es prueba de la grave crisis de respeto a la voluntad popular y a la democracia en Venezuela, donde se reprime la disidencia y se acalla cualquier voz contraria al régimen.
La estrategia de la perpetuación del poder
El régimen actual ha optado por medidas que, en lugar de buscar la inclusión y el diálogo, han potenciado la división. La prolongación del mandato de Maduro se ha justificado en narrativas que apelan al miedo y la desconfianza hacia la oposición.
Sin embargo, lo que se observa en la práctica es una política de exclusión, en la que el único objetivo es mantener en el poder a una élite que, a través de mecanismos represivos, minimiza cualquier disidencia. Esta estrategia no solo debilita la legitimidad de las instituciones, sino que también genera un clima de incertidumbre que afecta a todos los sectores de la sociedad.
La polarización como herramienta política
La polarización es un arma que se ha empleado con destreza para dividir a la población. Al propagar la idea de que existe un enemigo interno, el régimen logra justificar medidas que en apariencia buscan “proteger” al país, pero que en realidad sólo refuerzan un sistema de control y manipulación. La división social se convierte, de este modo, en el escenario perfecto para perpetuar una “lógica de poder” que se sustenta en la desconfianza generalizada hacia cualquier institución que no se alinee con los intereses del gobierno.
El impacto de esta polarización se refleja en la pérdida de credibilidad de las instituciones públicas. La ciudadanía, testigo de un sistema que prioriza el mantenimiento del poder sobre el bien común, comienza a desconfiar incluso de aquellas instituciones que históricamente han garantizado derechos y servicios básicos.
Esta crisis de confianza se extiende a la esfera judicial, a las fuerzas de seguridad e incluso a organismos electorales, debilitando el funcionamiento de un Estado que, en esencia, debería proteger y promover la participación democrática.
Además, el ambiente de desconfianza favorece la emergencia de narrativas alternativas y, en algunos casos, teorías conspirativas que, lejos de aportar soluciones, incrementan la sensación de aislamiento y desesperanza. La falta de transparencia y la manipulación de la información hacen que muchos se sientan incapaces de distinguir entre hechos y ficción, lo que agrava aún más la fractura social.
Vivir en un país donde la polarización se ha convertido en una constante cotidiana nos lleva a preguntarnos: ¿cómo podemos reconstruir la confianza en nuestras instituciones?
La respuesta no es sencilla, pero es claro que la única salida está en la participación activa y consciente de los ciudadanos. Es fundamental recordar que la democracia no es solo un conjunto de normas, sino un proyecto común que se alimenta del diálogo, la transparencia y el respeto mutuo. Frente a un régimen que prefiere el control y la exclusión, cada ciudadano tiene el deber de reafirmar su compromiso con la verdad y la justicia.
En resumen: la prolongación del mandato de Nicolás Maduro pone en riesgo los cimientos democráticos de Venezuela. La estrategia de perpetuación del poder, basada en la división y el miedo, ha debilitado la credibilidad de las instituciones y ha alienado a una gran parte de la sociedad.
Frente a esto, es urgente que cada uno de nosotros asuma el reto de reconstruir un modelo de convivencia en nuestros países de Latinoamérica que esté basado en la transparencia, el diálogo y el compromiso.
En ConParticipación insistimos ahora y siempre en la necesidad de que como ciudadanos nos involucremos activamente para contrarrestar la influencia de grupos de poder y garantizar procesos electorales justos y representativos, en los que la democracia se vea reflejada de manera efectiva.
ConParticipación
Fuentes:
[3] https://www.lapoliticaonline.com/internacionales/307503/