Cada año, en torno a la celebración del 30 de abril, Día del Niño, México se llena de colores, dulces y festivales. Las redes sociales se inundan de fotos de la infancia y los comercios lanzan ofertas. Cuando piensas en el Día del Trabajo quizá lo primero que viene a tu mente es el asueto que seguramente disfrutarás el próximo 1.º de mayo. Sin embargo, en ConParticipación pensamos que conviene hacer una reflexión más profunda sobre el estatus del trabajo en nuestro país, y aún más importante, sobre la forma en que la situación del mercado laboral está impactando a las familias. Este blog lo dedicaremos justamente a estas reflexiones. Las estadísticas que presentaremos son obtenidas principalmente de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, la cual genera datos sobre las características ocupacionales de la población mexicana de 15 años y más. Asimismo tomamos información de otros reportes confiables como los generados por la organización México cómo vamos, que se elaboran también con base en datos oficiales.
Estadísticas de ocupación, desocupación e informalidad: luces y sombras
En los últimos años, México ha registrado niveles históricamente bajos de desempleo. La ENOE, en su reporte al cierre del 4.º trimestre de 2025, informó que México presentó una tasa de desocupación del 2.5% de la Población Económicamente Activa (PEA). Para tener un punto de comparación, en los cuartos trimestres (4T) de los años 2022, 2023 y 2024 las tasas de desocupación fueron 3%, 2.7% y 2.6% respectivamente [1].
Antes de continuar exponiendo datos de empleo y desempleo vale la pena aclarar algunos conceptos:
Población Económicamente Activa (PEA). Comprende el grupo de personas en edad de trabajar (15 años o más) que, “o contaban con una ocupación durante el período de referencia o no contaban con una, pero estaban buscando emplearse” [2]. Se divide en [3]:
- Ocupados: personas que realizaron alguna actividad económica con al menos una hora de trabajo la semana de referencia (la anterior a la entrevista), o que tuvieron un trabajo del cual estuvieron temporalmente ausentes.
- Desempleados abiertos (desocupados): se considera aquí a las personas que están sin trabajo pero que están disponibles para trabajar y que están en búsqueda de trabajo.
Población Económicamente Inactiva (PEI). Son “aquellos individuos que dedican su tiempo a actividades como estudiar o quehaceres del hogar, pero sin realizar actividad alguna conducente a generar bienes y servicios para el mercado; también incluye a quienes ya han salido de la fuerza laboral, como los pensionados y jubilados e individuos que por cualquier razón (salud, invalidez, etc.) no realizan actividad de ningún tipo”. Se dividen en disponibles para trabajar, es decir, quienes “no han buscado trabajo en el período de referencia inmediato pero aceptarían uno al momento que se les ofreciera”; y no disponibles para trabajar, que son las personas que “no han buscado trabajo en el período de referencia inmediato y no aceptarían uno aunque se les ofreciera” [4].
Subocupación. A este grupo pertenecen las personas ocupadas que tienen la necesidad y disponibilidad de trabajar más horas de las que actualmente trabajan [5].
Informalidad laboral. Son las personas ocupadas que trabajan sin un esquema de protección legal o institucional, sin importar si trabajan en una unidad económica formal o informal [6].
Volviendo al tema del desempleo, si bien la tasa de desocupación mostrada podría interpretarse como una señal positiva del mercado laboral, hay una interpretación más profunda que se debe hacer, pues este indicador no revela completamente la realidad del trabajo en el país. Para Gabriela Siller, directora de Análisis Económico y Financiero de Banco Base, la baja tasa de desocupación puede explicarse debido a que muchas personas se reubicaron en la inactividad laboral. “En 2025, una gran parte de la población se desplazó hacia la no disponibilidad, reduciendo así la tasa de desempleo” [7].
Analicemos ahora el factor del empleo formal que es otra variable en la radiografía del empleo en México. El registro al cierre del 2025 de los empleos formales ante el IMSS fue de 278 697 (nuevos empleos creados), el segundo acumulado más bajo —después de 2024— desde el 2003, excluyendo años de crisis como la crisis financiera de 2008–2009 y la pandemia por el COVID-19 en 2020 [8].
En relación con estas dos variables, la desocupación y los empleos formales, la organización México cómo vamos señala: “Una baja en la tasa (de desocupación) no necesariamente implica mayor empleo formal, sino que puede reflejar un aumento en el empleo informal, con menores ingresos y sin acceso a seguridad social” [9].
Y de hecho así fue en 2025. Gonzalo Hernández Licona, director del Observatorio Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), señala: “El 2025 no fue un año muy bueno para la creación de empleos formales y la gente tiene que buscar el ingreso del día a día”. Esto, para Hernández Licona, explica que la informalidad creciera significativamente y se perdieran más de 190 000 empleos formales [10] como se explica en la siguiente tabla:
De modo que, si bien el reporte de la ENOE indica que hubo un incremento en la PEA entre el cuarto trimestre de 2024 y el mismo periodo de 2025 (de 61.1 a 61.3 millones de personas) [11], el mercado laboral se vio afectado por la informalidad, que llegó a ser de 55% al cierre de 2025, es decir, más de la mitad de la mitad de la población ocupada en nuestro país. Así lo explica Gabriela Siller: “El mercado laboral mexicano atraviesa por un evidente deterioro, el cual se hace manifiesto al observar que la totalidad del crecimiento en la ocupación fue absorbida por la informalidad, implicando una migración forzada hacia la precariedad. Respecto al balance de 2025, la caída de 195 513 empleos formales sitúa al año en un escenario que solo se había visto en periodos asociados a recesión: en 2020 (-628 459), en 2009 (-26 046) y en 2008 (243 103)” [12].
El aumento en la informalidad es preocupante porque implica que ese 55% de la PEA no tiene seguro social, ni prestaciones, y perciben un ingreso equivalente a aproximadamente la mitad de lo que percibe una persona con empleo formal. Para México cómo vamos, la persistencia en la informalidad es “una de las principales fallas estructurales de la economía que limita el desarrollo económico del país” [13]. Además, la informalidad hace que las familias sean más vulnerables a eventos como enfermedades, desempleo o envejecimiento. Puesto que carecen de protección social, las familias deben absorber estos riesgos directamente, lo que genera inestabilidad económica y limita su capacidad de planificar a largo plazo.
Pobreza laboral y poder adquisitivo
Un elemento central para comprender cómo impacta la situación del empleo en las familias es el poder adquisitivo. En México, una proporción significativa de la población ocupada se encuentra en situación de pobreza laboral, es decir, su ingreso no es suficiente para adquirir la canasta básica alimentaria para todos los miembros de su hogar. Al 4T de 2025, aproximadamente el 32.3% de la población se encontraba en esta condición, lo que equivale a más de 40 millones de personas. Más aún, México cómo vamos reporta que cerca del 61% de la población no cuenta con ingresos suficientes para cubrir tanto la canasta alimentaria como la no alimentaria [14]; esta última incluye bienes y servicios como transporte, educación, comunicaciones, vivienda, vestido, recreación, entre otros [15].
La combinación de bajo desempleo, alta informalidad y limitado poder adquisitivo tiene efectos directos en la vida cotidiana de las familias. Aunque muchas personas cuentan con empleo, una parte importante de los hogares enfrenta dificultades para cubrir sus necesidades básicas, lo que se traduce en vivir una presión financiera constante.
La estructura del gasto familiar refleja esta realidad. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, reportó que los hogares mexicanos realizaron un gasto corriente monetario promedio mensual de 15, 891 pesos. De este, en orden de mayor a menor gasto, el 37.7 % (5 994 pesos) se destinó a alimentos, bebidas y tabaco, el 19.5 % (3 106 pesos) a transporte y comunicaciones, el 9.6 % (1 531 pesos) a educación y esparcimiento, el 9.1% (1 449 pesos) a vivienda y servicios, el 7.7% (1 236 pesos) a cuidados personales, el 6.3% (1 005 pesos) a enseres domésticos, artículos para limpieza y cuidados de la casa, el 3.8% (610 pesos) a vestido y calzado, el 3.36% (535 pesos) a salud y el 2.67% (425 pesos) a transferencias y otros gastos [16].
Llama la atención que de todo el gasto mensual el penúltimo lugar lo ocupe el rubro de salud. Observamos también que la mayor parte del ingreso se destina principalmente a cubrir necesidades esenciales. Esta situación deja poco margen para el ahorro, la recreación o la inversión en el desarrollo familiar. Además, la desigualdad en el gasto es significativa. En los hogares de menores ingresos, el gasto en alimentos puede representar más de la mitad de su ingreso, mientras que en los hogares de mayores ingresos no supera el 15% [17].
Lo que podemos concluir en esta parte es que tener empleo no garantiza salir de la pobreza. A pesar de los incrementos recientes en el salario mínimo, el alza en los precios de bienes esenciales, particularmente de los alimentos, ha reducido el poder adquisitivo de los hogares
Conclusión y propuestas
Tener empleo no necesariamente implica bienestar, sino en muchos casos una lucha constante por cubrir gastos básicos. Muchas familias requieren múltiples ingresos para sostenerse, reducen su consumo en rubros como educación o recreación, y enfrentan dificultades para ahorrar o planificar su retiro. Esta situación también tiene implicaciones demográficas y sociales. La presión económica influye en decisiones como el número de hijos, la incorporación de más miembros al mercado laboral y la dependencia de redes familiares o apoyos gubernamentales.
El panorama laboral en México muestra que el desafío no está únicamente en generar empleo, sino en garantizar que tenga las condiciones para sostener a las familias. Aunque los indicadores macroeconómicos puedan reflejar aparentes avances, la realidad cotidiana que viven las personas denota limitaciones importantes en el poder adquisitivo y la estabilidad económica de los hogares.
De acuerdo con un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), es fundamental impulsar políticas que fortalezcan la productividad, promuevan la formalización del empleo y mejoren la calidad de los ingresos. Entre las acciones clave destacan la inversión en educación y capacitación laboral, la reducción de barreras a la formalidad y el fortalecimiento de sistemas de protección social [18].
Asimismo, es necesario generar condiciones que permitan a las familias no solo cubrir sus necesidades básicas, sino también construir patrimonio, ahorrar y proyectar un futuro estable. Esto implica un enfoque integral que vincule política laboral, desarrollo económico y bienestar familiar.
En última instancia, el verdadero indicador de éxito del mercado laboral no debe ser únicamente cuántas personas tienen empleo, sino cuántas pueden vivir con dignidad gracias a él.
Fuentes:
[1] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/enoe/enoe2026_02.pdf, p. 10
[3] Reporte “Mercado laboral mexicano. Cifras de la ENOE al cuarto trimestre del 2025”, de Banco Base.
[5] Reporte “Mercado laboral mexicano” de Banco Base.
[6] Ibid.
[11] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/enoe/enoe2026_02.pdf
[13] https://mexicocomovamos.mx/publicaciones/2025/02/observatorio-del-mercado-laboral/
[15] https://blog.coneval.org.mx/2022/02/15/que-son-las-canastas-alimentaria-y-no-alimentaria/
[16] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/enigh/ENIGH2024.pdf
[18] https://imco.org.mx/wp-content/uploads/2025/07/Analisis-ENIGH-2024_IMCO-1.pdf
