Los gobiernos de los países nórdicos, especialmente Islandia, Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia, han sido señalados como los más radicales en la ONU por su constante presión para promover la revolución sexual. En la última sesión del Examen Periódico Universal (EPU) dichos países presionaron para legalizar el aborto, limitar la objeción de conciencia del personal de salud y adoptar políticas de identidad de género. Islandia y Noruega instaron a otros países a “despenalizar las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y a promulgar una legislación integral contra la discriminación que incluyera la orientación sexual y la identidad de género como categorías protegidas” [1].
Además de su influencia diplomática, estas naciones son los principales donantes de agencias de la ONU como el Fondo de Población (UNFPA) y ONU Mujeres, financiando la implementación de los pretendidos derechos sexuales y reproductivos en países en desarrollo. A diferencia de potencias como Estados Unidos, cuya política exterior fluctúa según el partido en el poder, los países nórdicos mantienen un apoyo financiero y político constante que incluye el financiamiento estratégico de grupos activistas locales. A pesar del surgimiento de movimientos políticos de derecha en la región, su postura internacional sigue centrada en promover una agenda que desafía las normas sociales que son en su mayoría provida y profamilia [2].
Llama la atención que países desarrollados sigan presionando para implementar una “revolución sexual” pese a la crisis demográfica que enfrentan debido a la baja tasa de natalidad y al aumento del envejecimiento en su población. Es una señal de alerta que su apoyo financiero se utilice para exportar valores culturales o agendas sociales como el aborto o la ideología de género.
ConParticipación
Fuentes:
[1] https://c-fam.org/friday_fax/nordic-governments-most-radical-at-un/
[2] Ibid.