Un informe oficial enviado al Parlamento neerlandés el 22 de junio por la ministra de Salud, Sophie Hermans, confirmó que un menor de 12 años falleció por eutanasia a finales de 2025. Este es el primer caso registrado desde que en 2024 entró en vigor la polémica reforma que expandió la elegibilidad de la eutanasia a este rango de edad. El caso fue remitido a un servicio de fiscalía pública compuesto por cuatro médicos para evaluar si se cumplieron estrictamente las directrices legales, omitiéndose detalles sobre el género, edad exacta o condición médica del menor por razones de confidencialidad. Bajo esta legislación, los niños en este grupo pueden ser sometidos al procedimiento si se determina que están «sufriendo desconsolada e insoportablemente» por una enfermedad terminal sin cura [1].

Lo anterior trae consigo el riesgo de una expansión progresiva de estas políticas, como por ejemplo, los casos de eutanasia por razones de salud mental en los Países Bajos, los cuales aumentaron un 60% en solo un año. La solución ante el dolor de menores enfermos debe centrarse por completo en brindar cuidados paliativos y de confort en lugar de facilitar el acceso a la eutanasia, la cual puede convertirse en una expectativa social o en un mecanismo para ahorrar recursos económicos [2].

Aunque la eutanasia infantil se presente como un acto de compasión, en realidad es una condena en contra del paciente. Nunca es ético acabar con la vida de un enfermo. Se debe acabar con el dolor, no con la vida de la persona. Y menos aún si es menor, quien además carece de la capacidad para dar un consentimiento libre y es altamente vulnerable.

El deber de los profesionales de la salud debe ser garantizar cuidados paliativos y de confort de la máxima calidad. Facilitar el acceso a la eutanasia transforma el fin del servicio médico que es cuidar y preservar la vida.

ConParticipación 

Fuentes: 

[1] https://www.liveaction.org/news/dutch-officials-child-under-12-died-euthanasia

[2] Ibid.