Peter y Christine Scott, una pareja británica de más de 80 años y casados durante 46 años, decidieron terminar sus vidas juntos en Suiza tras el diagnóstico de demencia vascular en etapa temprana de Christine. Ambos se registraron en «The Last Resort», una organización suiza que ofrece asistencia para morir —que prácticamente sería suicido asistido— mediante el uso de la cápsula Sarco, un dispositivo que genera la muerte al liberar nitrógeno y reducir los niveles de oxígeno. Peter, exingeniero de la RAF, y Christine, exenfermera, optaron por esta vía tras la justificación de querer evitar el sufrimiento asociado con la progresión de la enfermedad y mantener el control sobre sus vidas hasta el final [1].
Este caso ha reavivado el debate sobre la muerte asistida, una práctica legal en Suiza pero prohibida en el Reino Unido, donde ayudar a alguien a morir puede conllevar consecuencias legales [2].
Lamentablemente la “muerte asistida” es vista como una solución benévola ante el sufrimiento de una persona que no encuentra otro camino más que la muerte. Es importante recordar que la compasión atiende el sufrimiento, no elimina al sufriente. Nuestra libertad está vinculada a la dignidad de toda vida humana independientemente de si hay salud o enfermedad, riqueza o pobreza. La vida debe protegerse en todo momento, especialmente cuando hay vulnerabilidad.
ConParticipación
Fuentes:
[2] Ibid.