De acuerdo con una nota informativa del 20 enero del medio Siete 24, despachos jurídicos informan que es común que el primer lunes de cada año las oficinas legales se llenen de personas que quieren divorciarse, un comportamiento social que se prolonga a lo largo del mes de enero. Se observa que muchas parejas toman esta decisión de manera apresurada tras el estrés de las festividades. En una cultura en la que se han normalizado las “relaciones desechables” se debe considerar que la separación no necesariamente disuelve los problemas de fondo, sino que a menudo estos se trasladan a una nueva etapa de vida, fragmentando la estabilidad familiar y emocional de los hijos de forma permanente [1].
Para evitar una ruptura basada únicamente en el dolor o el agotamiento, los especialistas proponen un camino de introspección y restauración personal antes de disolver el vínculo legal. La psicóloga Kari Cleweet destaca que la clave para rescatar una relación, incluso tras una infidelidad, es sanar primero a los individuos que la integran para que no tomen decisiones definitivas mientras sienten que «están perdiendo la cabeza». Aunado a lo anterior, se invita a las parejas a buscar ayuda profesional y espiritual, entendiendo que el proceso de perdón y reconstrucción puede convertirse en la experiencia más significativa de sus vidas [2].
La cultura contemporánea tiende a debilitar los vínculos; en el matrimonio, esto se traduce en presentar el divorcio como una salida supuestamente inevitable. Sin embargo, este enfoque pierde de vista que el matrimonio se compone de personas, no de cosas, personas que tienen sentimientos y que se unieron con el propósito de mantener un proyecto común a largo plazo. Una alternativa más acorde con el concepto mismo del matrimonio es la restauración del vínculo. Existen opciones como terapia de pareja, consejería, y otras herramientas para que la pareja trabaje en sanar la relación y continuar su proyecto en común, en el entendido de que debe basarse en el respeto mutuo de la dignidad de cada uno.
Las estadísticas en el incremento del divorcio nos preocupan porque, o bien los problemas de la pareja se incrementan o se acumulan, o bien, las herramientas para ayudar a la relación son insuficientes, se desconocen o no están al alcance de la mano.
ConParticipación
Fuentes:
[2] Ibid.