Seguro que has escuchado el término “perrhijos”, que se usa para referirse a las mascotas que muchas personas consideran familia. Lo que preocupa es que en muchos casos se está evadiendo la paternidad y maternidad. Pero, ¿es lo mismo tener una mascota que tener un hijo? Para hacer un análisis de este tema tuvimos la oportunidad de dialogar con el Dr. Marco Lôme, especialista en Psicología y Filosofía personalista. Durante la conversación, exploramos un tema cada vez más relevante: la disminución de la natalidad y el creciente vínculo emocional hacia las mascotas. Resumimos la entrevista con el Dr. Lôme y te compartimos la primera parte en el blog anterior. En esta segunda parte hablaremos de si es válido hacer una comparación entre las personas y las mascotas, además del sentido de trascendencia de fondo [1].
La familia y las mascotas: ¿una comparación válida?
Una de las cuestiones más controversiales que surgieron en nuestra conversación fue la creciente tendencia a considerar a las mascotas como parte de la familia. Aunque muchas personas ven a sus perros o gatos como «hijos», el Dr. Lôme enfatizó que, desde un punto de vista filosófico y social, no podemos equiparar estas relaciones. «En un sentido estricto, un perro no es familia, porque la familia está formada por una comunidad de personas, donde la reciprocidad es clave», explicó.
Las mascotas, aunque responden a estímulos y brindan compañía, no pueden cubrir las necesidades humanas más profundas, ni pueden participar de manera consciente en una relación recíproca.
Desde el personalismo, una corriente filosófica que valora la dignidad inherente de la persona humana, el Dr. Lôme subrayó que los seres humanos tienen un valor incomparable. «Las personas están en un nivel ontológico distinto al de los animales», afirmó.
Las mascotas merecen cuidado y respeto, pero no deben ser tratadas como iguales a los seres humanos. Tratar a los animales como hijos puede confundir nuestra comprensión de lo que significa ser humano, y puede distorsionar el sentido del amor, que en los seres humanos implica libertad, responsabilidad y una entrega consciente que no se encuentra en las relaciones con los animales.
El legado humano: trascendencia y responsabilidad
Una parte central de la reflexión del Dr. Lôme fue sobre la idea de trascendencia. Para él, uno de los mayores legados que podemos dejar en este mundo es a través de nuestros hijos. «Tener un hijo te hace mejor persona», afirmó.
La paternidad y la maternidad no solo implican un acto de creación biológica, sino un proyecto de vida en el que nos entregamos a la formación y educación de otra persona. Esta tarea, explicó, es una de las formas más profundas de trascendencia, ya que a través de nuestros hijos transmitimos cultura, valores y tradiciones que forman parte de la continuidad humana.
Por el contrario, las relaciones con las mascotas, aunque valiosas y afectivas, no permiten este tipo de trascendencia. «Un perro puede brindarte compañía, pero no puede enseñarte lo que significa ser padre o madre, ni transmitir los valores que forman parte de nuestra humanidad», añadió. A medida que más personas eligen tener mascotas en lugar de hijos, corremos el riesgo de perder habilidades sociales fundamentales y de convertirnos en una sociedad que sabe relacionarse con animales, pero no con otros seres humanos.
La importancia de recuperar la esperanza en la paternidad y maternidad
Al final de nuestra conversación, el Dr. Lôme insistió en la importancia de dar esperanza a las generaciones más jóvenes. En una sociedad que promueve el individualismo, el miedo económico y una visión hedonista de la vida, es necesario recordar a los jóvenes el valor y la belleza de tener hijos. «Es cierto que tener hijos implica retos, pero esos retos son los que nos humanizan», afirmó.
Tener un hijo nos obliga a salir de nosotros mismos, a ejercitar nuestra libertad y responsabilidad de una manera más profunda, y a comprometernos con algo que va más allá de lo inmediato o lo material. El Dr. Lôme concluyó con una reflexión que resonó profundamente: «Todos queremos dejar un legado en este mundo, y no hay mayor legado que la próxima generación. Un hijo no es un obstáculo, es una oportunidad para crecer, para amar, y para construir un mundo mejor».
Esta conversación nos dejó una valiosa lección: en medio de una sociedad que parece darle más importancia a las cosas que a las personas, es fundamental recordar que las relaciones humanas —especialmente las que formamos en el seno de la familia— son las que realmente nos permiten crecer, trascender y vivir con sentido.
ConParticipación
Fuente:
[1] Abre tus ojos, cambia tu mundo – Los «perrhijos», fenómeno actual