Casi todos tenemos presente el nombre de algún maestro que nos dio clases en un momento de nuestra vida. Quizá fue quien nos enseñó a leer en primero de primaria o con quien aprendíamos las tablas de multiplicar; el profesor de matemáticas que nos explicaba por quinta vez algo que no nos quedaba claro, o la maestra que notó que algo no estaba bien en casa y encontró las palabras correctas para hacernos sentir que no estábamos solos. Tal vez fue ese maestro que nos inspiró a estudiar y dedicarnos a lo que hoy nos dedicamos. Esa figura, discreta y cotidiana, forma parte de nuestra historia personal de maneras que muchas veces no reconocemos sino hasta mucho tiempo después. En este blog ponemos sobre la mesa que el 15 de mayo, Día del Maestro, es un gran gesto de reconocimiento social de los docentes en México, pero al mismo tiempo, analizamos cómo distintos gobiernos han utilizado la educación y al magisterio con fines políticos e ideológicos, relegando la verdadera prioridad: la formación integral de niños y jóvenes.

Una profesión que el sistema no recompensa

Es un hecho que los maestros acompañan a los niños, adolescentes y jóvenes durante algunos de los años más formativos de su vida, cuando el carácter se moldea, cuando se construyen los hábitos, cuando se toman las decisiones de a dónde tomar rumbo en la vida. En México más de 23 millones de niñas, niños y adolescentes asisten cada ciclo escolar a recibir educación básica, lo que significa que prácticamente toda la población ha pasado por el aula de un docente en algún momento de su vida. Cada 15 de mayo, el Día del Maestro nos recuerda eso, que detrás de cada persona que pasó la primaria, secundaria, prepa, universidad o posgrado, hay alguien que dedicó su tiempo y su energía a esa tarea silenciosa y esencial de educar [1]. 

Lo que no siempre recordamos, o quizás preferimos no ver, es que a pesar de que en nuestro país se aprecia la profesión docente, eso no se refleja en las condiciones de trabajo, concretamente en los sueldos. México cuenta con más de dos millones de docentes activos en todos los niveles educativos (datos de 2023) [2]. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), al cuarto trimestre de 2020, México contaba con 1.2 millones de maestras y maestros en la educación básica, de los cuales el 69.9% eran mujeres [3]. En este nivel educativo, los salarios en promedio no superan los ocho mil pesos mensuales (7 140 pesos mensuales en promedio mensual al primer trimestre de 2025) [4]. La vocación, en este país, se paga con la moneda más barata

Otro dato relacionado con las condiciones laborales, es que un maestro de primaria en México atiende en promedio a 24 alumnos por grupo, frente a los 15 que en promedio tiene un docente en ese mismo nivel escolar en los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). En comunidades rurales o indígenas, ese número puede ser mayor, y los recursos, mucho menores. Alrededor de 130 000 docentes trabajan en comunidades indígenas o en telesecundarias, muchas veces lejos de sus familias, sin infraestructura adecuada, y con la responsabilidad adicional de ser orientadores, figuras de contención emocional y referentes comunitarios, todo al mismo tiempo [5].

Y aun así los maestros van y dan sus clases. Cada mañana, en más de 220 000 escuelas y centros educativos públicos a lo largo del país, hay un maestro que abre la puerta del salón, pasa lista y empieza. Eso merece ser reconocido con algo más que flores y un chocolate el 15 de mayo. El problema, hay que decirlo con claridad, no son los maestros. El problema que vemos es la estructura que nos rodea y, en particular, la manera en que la educación ha sido tratada en México: no como un proyecto de formación de la persona, sino como un terreno de disputa política [6]. 

Cuando la educación se convierte en moneda de cambio

Esto que decimos, cabe aclarar que no es una acusación reciente ni partidista. Es una realidad que ha atravesado a prácticamente todos los gobiernos de las últimas décadas. Los sindicatos magisteriales, en particular el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), han acumulado un peso político y electoral que va mucho más allá de la legítima defensa de los trabajadores. Las plazas docentes, los ascensos y las transferencias han funcionado en distintas épocas como moneda de cambio en negociaciones que poco tenían que ver con el aprendizaje de los estudiantes. Durante años, conseguir una plaza para dar clases dependía menos de la preparación de un maestro que de sus relaciones o “palancas” con el sindicato. Eso no afectó solo a los docentes: afectó directamente a los alumnos que quedaron a cargo de personas que no necesariamente habían sido seleccionadas por su capacidad para enseñar.

Cada sexenio en México ha traído su propia visión de lo que debe ser la escuela, y con esa visión han llegado nuevos planes de estudio, nuevos modelos pedagógicos, nuevos enfoques y nuevos libros de texto. El problema no es que los gobiernos quieran mejorar la educación, eso es muy bueno; el problema es que cada uno empieza de cero, como si lo anterior no hubiera existido, como si los cambios pudieran emerger en seis años y luego pudieran borrarse sin consecuencias. Los maestros han tenido que adaptarse a modelos que cambian antes de que los hayan podido aplicar bien. Los alumnos consecuentemente han pagado el precio de esa inestabilidad con aprendizajes fragmentados, con métodos que se interrumpen y con una escuela que, vista desde adentro, a veces parece que no sabe muy bien hacia dónde va.

“El trabajo del maestro es poco valorado, tanto a nivel social como a nivel salarial. Hay maestros y maestras increíbles que de verdad es de admirar todo el trabajo que hacen pensando en sus alumnos. Pero, algo que me inquieta mucho a mí es lo de la Nueva Escuela Mexicana, que de verdad está siendo un retroceso para los alumnos. Es complicado trabajar contenidos que realmente sean beneficiosos  para su desarrollo y aprendizaje académico con la propuesta que la NEM obliga a que pongamos en práctica”, Mariana Jaramillo, docente en educación básica y especial en Aguascalientes, México. 

Diez años de reformas y el fin de la evaluación independiente

Un ejemplo concreto y reciente ilustra bien hasta dónde llega este patrón. En 2013, como parte de una reforma educativa amplia y muy discutida, se dio autonomía constitucional al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Era un organismo cuya función era evaluar el sistema educativo mexicano con independencia del gobierno en turno. Generó resistencias, especialmente en el sector sindical más combativo, porque además de evaluar a los alumnos, también introducía criterios de evaluación para los docentes. Pero representaba algo valioso: la posibilidad de saber, con evidencia real y sin interferencia política, qué estaba funcionando en las aulas mexicanas y qué necesitaba mejorar. Era, en otras palabras, una forma de que el sistema rindiera cuentas ante los alumnos y sus familias.

En 2019, con el inicio de la nueva administración federal, el INEE desapareció. Fue sustituido por la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), un organismo que, a diferencia de su antecesor, no tenía autonomía constitucional. La decisión respondió en buena medida a la presión sindical, que había visto en el INEE y en los mecanismos de evaluación docente una amenaza a sus intereses gremiales. Ese mismo año se levantó la última prueba estandarizada nacional para educación básica. Es decir, México dejó de medir de manera sistemática si sus alumnos estaban aprendiendo. Y sin medición, no hay diagnóstico. Sin diagnóstico, no hay mejora posible, solo discurso [7]. 

Pero, resulta que en 2024, Mejoredu también desapareció. Sus funciones fueron absorbidas directamente por la Secretaría de Educación Pública. Eso significa que la misma institución que diseña la política educativa, que produce los materiales y que define los planes de estudio, es ahora también la que evalúa su propio desempeño. En menos de una década, México eliminó dos organismos encargados de dar seguimiento independiente a la calidad educativa. Varios analistas y organizaciones de la sociedad civil advirtieron que esto hace prácticamente imposible una rendición de cuentas genuina. No porque los funcionarios sean necesariamente deshonestos, sino porque ninguna institución puede evaluarse a sí misma con objetividad cuando los resultados afectan su imagen pública [8] [9].  

Los números no se pueden ocultar

Mientras tanto, los datos que se pueden obtener cuentan una historia difícil de ignorar. En los resultados de la prueba PISA 2022, publicados por la OCDE en diciembre de 2023, México quedó entre los tres países peor evaluados de la organización en matemáticas y comprensión lectora. En matemáticas, el retroceso fue especialmente significativo: el país regresó a niveles similares a los de 2003, borrando veinte años de supuesto progreso. La evaluación diagnóstica 2024-2025 confirmó que el 20.6 % de los estudiantes que están a punto de terminar la primaria no alcanzan las habilidades lectoras mínimas para avanzar con solidez a la secundaria. Uno de cada cinco niños termina seis años de primaria sin saber leer bien. Eso es una señal de alarma que vemos sobre qué tan profundo es el problema [10] [11]. 

La UNESCO, por su parte, calificó recientemente a México como un país «sin progreso» en educación, señalando que 7 de cada 10 escuelas primarias no cuentan con acceso adecuado a internet ni computadoras  [12]. El índice elaborado por la organización México, ¿cómo vamos? indicó en 2025 que la educación básica alcanzó su peor estado en una década, con la cobertura neta cayendo al 89% en el ciclo 2024-2025: 11 de cada 100 niños en edad escolar no asisten a la escuela [13]. Y en términos de inversión, México destina apenas el 2.96% de su PIB a educación, muy por debajo del 4 al 6% que recomienda el marco internacional de la UNESCO para garantizar una educación de calidad. Para dimensionar lo que eso significa: el presupuesto real destinado a educación en 2024 fue un 3.6% menor en términos reales comparado con el de 2015, que de acuerdo con un análisis del IMCO, es el año con mayor presupuesto [14].  

En el discurso público, todos los gobiernos repiten que «los niños son primero». Es una frase que se escucha en cada toma de posesión o informe de gobierno, en cada presentación de reforma educativa, en cada ceremonia del Día del Maestro. Pero los números cuentan otra historia: la de un sistema que cambia de nombre y de modelo sin cambiar sus resultados, que invierte más en otras cosas que en aulas. 

Lo que los niños de hoy siguen esperando

Los maestros están atrapados entre un sistema que los usa como bandera política cuando conviene y los ignora cuando no, entre sindicatos que defienden intereses que no siempre coinciden con los de los estudiantes, y entre reformas que llegan y se van sin dejarles tiempo de adaptarse. Muchos de ellos, a pesar de todo, siguen dando lo mejor de sí. Siguen buscando la manera de que sus alumnos aprendan, de mantener el orden en grupos, de motivar a niños que llegan cansados o con hambre, de enseñar con materiales que a veces no llegan o llegan incompletos. Eso no se reconoce suficientemente, ni el 15 de mayo ni el resto del año.

Lo que México necesita no es otra reforma educativa. Necesita algo más difícil y más valioso: continuidad. Instituciones sólidas que sobrevivan los cambios de gobierno. Organismos independientes que evalúen con honestidad qué están aprendiendo los niños. Maestros con acceso real a formación continua y con salarios que reconozcan la importancia de su labor. Escuelas con infraestructura digna, con libros y conectividad. Y decisiones educativas tomadas con base en evidencia, no en negociaciones sindicales ni en agendas ideológicas.

Nada de eso es imposible. Tampoco es un sueño utópico. Es lo que muchos países han logrado con voluntad política sostenida y con la convicción genuina de que la educación es la inversión más importante que una sociedad puede hacer en sí misma. El punto de partida es dejar de tratar a la educación como un campo de batalla y empezar a tratarla como lo que es: el espacio donde se forma el futuro de un país.

Este 15 de mayo, los maestros seguramente recibirán reconocimientos y palabras de agradecimiento, muy bien merecidas. Pero el homenaje más honesto que podríamos hacerles tiene que ser garantizar que su trabajo importe, que sus alumnos aprendan, y que quienes toman decisiones sobre educación lo hagan pensando genuinamente en los alumnos. 

Porque el maestro que todos recordamos no nos marcó con un discurso. Nos marcó con su presencia, con su paciencia y con su entrega. Y eso, más que ningún modelo pedagógico de moda, es lo que los niños de hoy siguen esperando encontrar cuando entran al salón.


ConParticipación

Fuentes:
[1] https://www.planeacion.sep.gob.mx/Doc/estadistica_e_indicadores/principales_cifras/principales_cifras_2024_2025_bolsillo.pdf, p. 12

[2] http://www.gob.mx/conapo/articulos/dia-de-las-y-los-maestros-15-de-mayo 

[3] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2021/EAP_MAESTRO21.pdf

[4] https://www.economia.gob.mx/datamexico/es/profile/occupation/profesores-de-nivel-basico

[5] https://www.informador.mx/mexico/Dia-del-Maestro-2024-Escasez-de-docentes-Esta-es-la-cantidad-de-alumnos-que-atiende-cada-profesor-en-Mexico-20240515-0095.html 

[6] https://www.planeacion.sep.gob.mx/Doc/estadistica_e_indicadores/principales_cifras/principales_cifras_2024_2025_bolsillo.pdf 

[7] https://imco.org.mx/cambios-en-el-tiempo-que-ponen-en-riesgo-la-educacion-de-mexico/ 

[8] https://imco.org.mx/la-educacion-atrapada-en-la-espiral-del-silencio/ 

[9] https://federalismo.nexos.com.mx/2024/06/y-la-mejoredu-el-federalismo-educativo-y-la-evaluacion-de-la-educacion/ 

[10] https://raichali.com/2024/01/26/educacion-en-mexico-desigualdad-y-rezago/ 

[11] https://serendipia.digital/datos-y-mas/comprension-lectora-en-mexico/ 

https://www.informador.mx/mexico/informe-revela-que-tan-bien-leen-los-ninos-de-primaria-en-mexico-20260318-0106.html

[12] https://www.elimparcial.com/mexico/2026/03/18/unesco-califica-a-mexico-sin-progreso-en-educacion-por-retroceso-en-lectura-y-la-falta-de-internet-en-7-de-cada-10-escuelas-primarias-del-pais/ 

[13] Mexicanos Primero. «Escuelas cerradas, rezago y falta de evaluación: el saldo educativo de 2025», diciembre 2025. https://www.mexicanosprimero.org/comunicado.php?url=escuelas-cerradas-rezago-y-falta-de-evaluacion-el-saldo-educativo-de-2025-161225 

[14] https://imco.org.mx/falta-presupuesto-para-atender-los-retos-educativos/