¿Será posible que exista un modelo de empresas que considere a las personas no como “recursos” sino como seres con dignidad, con dimensiones física, psicológica y espiritual? La respuesta a esta pregunta fue el tema central de la mesa de tesis titulada “Personalismo como ventaja competitiva: empresa personalista”, evento organizado por la Arquidiócesis de Monterrey y coordinado por ConParticipación el pasado 19 de junio de 2026.
La ponencia fue impartida por la Dra. Diana Salmón, quien estudió un MBA con especialidad en Finanzas, una maestría en Antropología Filosófica y un doctorado en Bioética. Asimismo, cursó diversos programas de negociación para ejecutivos en Harvard Law School. Es fundadora de DAS Consultoría y directora del Instituto Juan Pablo II para la Familia, sede Monterrey. Tiene más de 25 años de experiencia ejecutiva en finanzas, gestión administrativa, negocios internacionales, recursos humanos, responsabilidad social, desarrollo sustentable y calidad.
Diana explicó que su ponencia trataría principalmente sobre una investigación que realizó en torno a la relación entre la persona y la empresa, así como algunos de los principales resultados que obtuvo en dicha investigación. Como primer antecedente explicó que cuando se aplica el personalismo —la corriente filosófica que da marco a esta investigación— al ámbito empresarial, el resultado es la propuesta de la empresa personalista, llamada así porque es el único proyecto empresarial que toma como fundamento explícito dicha filosofía. Esta propuesta nace del deseo de avanzar más allá de la sustentabilidad y de la responsabilidad social empresarial, y de buscar un modelo de empresa que coloque verdaderamente a la persona en el centro. En este blog te compartimos un resumen de la ponencia de la Dra. Salmón.
El origen de la reflexión en torno a la empresa y la persona
Diana inició exponiendo una frase que puede considerarse el origen de la reflexión sobre lo que significa una persona dentro del mundo empresarial. La frase es de José Ortega y Gasset, quien dijo: «Yo soy yo y mi circunstancia; y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Esta afirmación abrió un debate sobre qué significa realmente la circunstancia y qué elementos conforman integralmente a la persona.
Si analizamos las condiciones de la sociedad actual, encontramos que vivimos una época que nos obliga a volver la mirada hacia nosotros mismos, a asumir nuestra responsabilidad personal y a preguntarnos cuál es nuestro deber frente a la realidad. En este caso, esa realidad es la empresa.
Diana comentó que por años trabajó tanto en empresas públicas como privadas, principalmente en Pemex, y esa experiencia le permitió observar de primera mano múltiples situaciones que muestran cómo las decisiones profesionales dependen, en el fondo, de quién es la persona. Si una persona es congruente y ética, enfrentará también de manera ética las situaciones que encuentre dentro de la empresa.
La reflexión, entonces, comienza desde el personalismo, corriente filosófica que surge a principios de la década de 1930, y que tuvo como uno de sus principales impulsores a Emmanuel Mounier. Él observó la profunda crisis que atravesaba Europa —el colapso económico del capitalismo, el aumento del poder de los regímenes totalitarios, entre otras problemáticas—, y concluyó que no se trataba únicamente de una crisis económica o política, sino de una crisis de la persona.
Punto de partida de la propuesta de empresa personalista
La investigación de la Dra. Salmón, explicada en palabras muy breves, plantea que:
La posmodernidad nos ha traído no solo nuevos modelos de pensamiento y formas de organización social, sino también acontecimientos globales que desafían el valor de la persona. Dentro de este contexto, el comercio ha adquirido un lugar prioritario y el libre mercado se ha desarrollado con los vicios que eso conlleva. Esto hace evidente la responsabilidad que hoy debe asumir el mundo empresarial, el cual ha respondido con modelos que han intentado unir los negocios con el compromiso social pero lo han hecho con deficiencias antropológicas. Se propone entonces un modelo basado en la antropología personalista.
Diana explicó que desde la Revolución Industrial hasta la actualidad, el libre mercado ha ido transformándose para superar prácticas como la cosificación de las personas. Sin embargo, todavía falta camino por recorrer en este aspecto. Contó que su experiencia en Harvard Law School, especialmente en programas de negociación, le permitió constatar que una de las principales preocupaciones del ámbito empresarial consiste precisamente en responder a esa crisis. Los grandes escándalos corporativos y las quiebras de empresas importantes llevaron a muchas instituciones académicas a reconocer que algo no estaba funcionando correctamente.
Se hizo evidente que era necesario tender un puente entre las ciencias técnicas y las ciencias humanas, entre la administración, la ética y la antropología. Y precisamente ahí nace la propuesta de la empresa personalista.
Ahora bien, esta propuesta no se limita a incorporar principios éticos al mundo empresarial. Su fundamento es una antropología y una ética personalistas, que ofrecen una comprensión distinta de quién es la persona y, por tanto, de cómo debe organizarse la empresa.
Desde esta perspectiva, la persona es un ser corpóreo, psíquico y espiritual, creado con una dignidad intrínseca que no depende de su utilidad, productividad o capacidad económica. Por ello, nunca puede reducirse a un objeto, a un recurso o a una mercancía, ni incorporarse a las lógicas del mercado como si fuera un bien de intercambio. Su valor es anterior y superior a cualquier criterio económico, político o empresarial.
La propuesta se apoya también en una ética personalista, que entiende a la persona como un sujeto libre que, mediante sus decisiones, va construyéndose a sí mismo. No se trata únicamente de un conjunto de normas de comportamiento, sino de una ética que nace de la comprensión de quién es la persona y de cuál es su finalidad.
Desde esta visión, los intereses de las organizaciones deben surgir de los intereses legítimos de las personas y no al revés. La empresa existe para servir al desarrollo integral de la persona y al bien común, no para utilizar a las personas únicamente como un medio para alcanzar objetivos económicos.
Los avances: teoría de los Steakholders y teoría de la Creación de Valor Compartido
La Dra. Salmón habló de dos modelos que se han aplicado a las empresas y que han sido un avance en la consideración de la persona en el ámbito empresarial. Son modelos que han aportado valor y que forman parte del fundamento de su propuesta de empresa personalista: la teoría de los Steakholders y teoría de la Creación de Valor Compartido. La primera fue propuesta por Edward Freeman, es una aportación que transformó la manera de comprender la estrategia empresarial al reconocer que la empresa no solo debe responder ante sus accionistas, sino también ante todos los grupos con los que se relaciona. La segunda teoría fue desarrollada por Michael Porter y Mark Kramer. Esta surge como una evolución de la responsabilidad social empresarial. Mientras que la responsabilidad social suele entenderse como un conjunto de acciones paralelas al negocio —programas sociales, filantropía o iniciativas de apoyo comunitario—, la Creación de Valor Compartido de Porter y Kramer propone que los problemas sociales formen parte del propio modelo de negocio. En otras palabras, la empresa puede fortalecer su competitividad al responder a necesidades reales de la sociedad, generar simultáneamente valor económico y valor social.
Porter sostiene que la competitividad de una empresa depende también del bienestar de la comunidad donde opera. Por ello, cuando una organización contribuye a resolver problemas sociales —como educación, salud, capacitación, desarrollo de proveedores o fortalecimiento de las comunidades—, no solamente beneficia a la sociedad, sino que también fortalece su propia capacidad de generar valor económico.
La Dra. Salmón explicó que aunque ambas teorías son un avance en la consideración de la persona en la empresa, continúan careciendo de un fundamento antropológico explícito y dejan abierta una pregunta: ¿quién es la persona para quien la empresa genera ese valor? Aclaró que en su propuesta de empresa personalista no buscó desecharlas, sino complementarlas mediante una antropología y una ética personalistas.
Modelo de empresa personalista: características e investigación
Diana señaló que buscó incorporar al modelo de empresa personalista la dimensión económica. Con su propuesta no pretendía cambiar el objetivo propio de la empresa, que consiste en generar utilidades. Ese objetivo permanece. Lo que hizo fue complementarlo. Hay un falso dilema que con frecuencia se presenta entre cumplir los objetivos económicos de la organización y favorecer el desarrollo integral de quienes trabajan en ella. Pero ambos objetivos pueden alcanzarse simultáneamente. La empresa puede ser rentable y, al mismo tiempo, convertirse en un espacio donde la persona encuentre posibilidades de felicidad, realización y trascendencia.
A todo ello también sumó el cuidado del mundo que habitamos. No se trata únicamente de incorporar acciones ecológicas, sino de integrar en una misma visión la economía, la antropología, la ética y el medio ambiente, todo ello desde una visión que no cosifique a la persona, sino que funcione como un instrumento para que cada ser humano pueda alcanzar el fin para el cual existe.
De esta forma, la empresa personalista se basa en modelos que no desechan todo el trabajo realizado anteriormente de las ciencias sociales ni el de las ciencias filosóficas, sino al contrario, lo que quiere es unir estos conocimientos para de alguna manera demostrar que ese puente entre las ciencias técnicas y las ciencias de la vida no es solo es necesario sino que es posible.
Una vez expuesta toda esta reflexión Diana continuó su exposición compartiendo el resumen de una investigación que realizó en una de las empresas de Grupo Carso que se encuentra en 10 entidades de la República. Esta investigación se hizo entre 2015 y 2019 y la idea era que los resultados se presentaran en un artículo científico. Para ello se hizo la misma intervención en las 10 entidades; se entrevistaron a más de 274 personas a quienes se les pidió que compartieran siete vivencias de sus historias de vida, y dichas historias se contrastaron con los modelos de dos filósofos personalistas: Dietrich von Hilebrand y Juan Manuel Burgos (este último es experto en la filosofía de Karol Wojtyla). Al hacer ese contraste la Dra. Salmón pudo mostrar que la persona no solo es corpórea, física y psíquica, sino también es espiritual.
Entre las vivencias que más se repetían entre las personas participantes de este estudio, estaban las relacionadas con el nacimiento de sus hijos, la muerte de un ser querido o cercano, el inicio o término de su vida en matrimonio o viviendo solos de forma independiente, también las relacionadas con su vida estudiantil. Y en todos los casos se mencionaban experiencias relacionadas con su vida profesional y su trabajo. Asimismo aquellas vivencias que marcaron su vida futura en todos los casos tenían que ver con accidentes de ellos o de sus familias. Además una situación importante que se detectó es que en todos los casos había situaciones en torno a su sexualidad que ocurrieron de forma accidentada, tales como violaciones u otro tipo de actos violentos.
Como ya se mencionó, para el análisis de estas vivencias fue utilizada la tipología de vivencias de Dietrich von Hilebrand, y la estructura de vivencias del personalista Juan Manuel Burgos. Hildebrand en su teoría expone que existen tres centros espirituales: el entendimiento, la voluntad y el corazón. Él pone la afectividad al mismo nivel que el raciocinio. Para este filósofo el corazón es el centro afectivo de la persona, el lugar donde se manifiesta más vívidamente el espíritu. En su investigación la Dra. Salmón observó que en las respuestas obtenidas por las personas entrevistadas se mostraba su espiritualidad. Por su parte, Juan Manuel Burgos dice en su teoría que las experiencias definen nuestra identidad, y así lo comprobó en cada una de las historias de las personas entrevistadas.
¿Cuál fue el resultado de esta investigación? La Dra. Salmón señaló:
“Quedó evidencia de que las personas que laboran en una empresa no son de modo algunos recursos, sino son personas con una dimensión psíquica y espiritual, además de corpórea, que son biográficas y que su historia de vida participa en la empresa. Y la empresa como el lugar donde se dignifica la persona (…). Pudimos reflexionar que quienes le dan vida al sistema empresarial son personas que tienen una historia que se va construyendo con sus experiencias y que los hace ser quienes son”.
Otra de las conclusiones de esta investigación fue que “para implementar una empresa personalista se requieren transformaciones estructurales, las que exige el mundo actual en que vivimos y que requiere ser reinventado hacia un mundo trascendente y sustentable que reconozca a la persona y respete la dignidad de cada quien, desde el inicio hasta el fin de su vida”.
Una de las propuestas de esta investigación, explicada en palabras de la Dra. Salmón es: “Queremos pasar de la empresa neoclásica, cuyo único interés es ganar utilidades, a la empresa personalista, donde también existen la visión, la misión, los objetivos de la empresa, ganar, ser rentable, compartir valor, pero al mismo tiempo, que la persona tenga una realización personal y trascendente, y que se se busque un bienestar social, un bien común”. Al final de cuentas, explicó la ponente, la empresa personalista “es una propuesta con bases antropológicas y éticas que reforma las respuestas del mundo empresarial —como la Responsabilidad Social empresarial y la Creación de Valor Compartido— con bases en la filosofía personalista, poniendo a la persona como centro de la formulación de estrategias, desde la estrategia básica de la empresa”.
Fuente:
Mesa de tesis “Personalismo como ventaja competitiva: empresa personalista”, 19 de junio de 2026, https://www.youtube.com/watch?v=EiQqy-hoYMo&t=2541s