Cada cierto tiempo, el ritmo cotidiano de nuestro país se detiene ante un fenómeno que parece ponerlo todo en pausa: el mundial de fútbol. La llegada de este evento deportivo desata un entusiasmo colectivo que inunda las calles, las oficinas y los hogares. Durante el evento, millones de personas comparten un mismo color, un mismo canto y una misma expectativa. El fútbol posee una capacidad para unir temporalmente a un país históricamente fragmentado.

Sin embargo, detrás de la fiesta, las pantallas gigantes y el entusiasmo desbordado, cabe hacernos una pregunta fundamental que va más allá del marcador deportivo: ¿qué nos dice esta euforia sobre quiénes somos como sociedad y cómo podemos encauzar esta energía para construir un México más justo, solidario y centrado en la dignidad de cada persona?

El espejo de nuestra identidad: solidaridad, hospitalidad y las sombras del temor

Cuando observamos el bullicio en las calles, vemos un retrato vivo de la riqueza cultural de México. Académicos e investigadores del Departamento de Mercadotecnia y Comunicación de la Universidad Iberoamericana señalan que la convivencia que se genera en este evento permite contrarrestar el estereotipo que se ha hecho de nuestro país a nivel internacional. La fiesta en las calles y comercios muestra que México es un país solidario, hospitalario y muy unido. Esta realidad rompe por completo con los estereotipos extranjeros o las noticias que solo hablan de violencia; es la prueba de que nuestra sociedad siempre encuentra una forma de convivir y celebrar, incluso en los momentos más difíciles [1].

Durante el Mundial, el mexicano se comporta como es en sus mejores momentos: con una alegría sincera, que nace de una empatía natural. Es el vecino que saca su televisión a la banqueta para compartir el partido, la casa que recibe al amigo o a la familia, la hospitalidad con la que el extranjero es recibido en cualquier local, y esa solidaridad innata surge de forma espontánea cuando compartimos una causa común. Estas dinámicas nos recuerdan que el tejido social de México, en su raíz, es profundamente humano y fraterno.

Sin embargo, el espejo también nos muestra otra cara. Así como la euforia despierta una enorme empatía hacia los nuestros, en ocasiones ese exceso de entusiasmo puede transformarse en hostilidad ante lo que se percibe como una amenaza exterior o un adversario. La pasión mal canalizada puede hacernos olvidar que el rival deportivo es, ante todo, otra persona digna de respeto. Este contraste nos invita a reflexionar: ¿cómo podemos conservar la calidez de nuestra unión sin caer en el rechazo o la agresión hacia el otro?

El gran desafío: poner a la persona en el centro

El gran reto ético y social de esta temporada de euforia está en poner a la persona en el centro. En medio de un negocio multimillonario —como lo es el Mundial—, donde la publicidad y el consumo parecen poner las condiciones, es fácil perder de vista lo que verdaderamente importa. El deporte, en su esencia más pura, es una actividad humana que debe llevar a la persona al desarrollo integral, al sano esparcimiento, a la disciplina y al encuentro familiar. El fútbol pierde su sentido social cuando la pasión del Mundial se convierte en violencia en los estadios, problemas familiares por excesos, o en un negocio que solo busca explotar a la afición.

El verdadero éxito de un evento de este tipo no se mide en la cantidad de mercancía vendida o en los niveles de audiencia, sino en la capacidad de generar espacios de encuentro seguro, convivencia pacífica, fortalecimiento familiar y enseñanza de valores. Poner a la persona al centro cuando vivimos una fiesta deportiva como el Mundial significa:  asegurar que las reuniones en casa sean un espacio seguro para los niños, que se respete la tranquilidad del vecino, que se respete a quienes son seguidores de equipos distintos al nacional, que se aproveche la ocasión para enseñar a los niños valores como la disciplina, la superación, el compañerismo, el juego limpio, el respeto al rival, por mencionar algunos ejemplos.

El Mundial nos une, ¿y después qué?

Es claro que el Mundial funciona como un calmante temporal para nuestras divisiones. Durante noventa minutos, y a veces por varias semanas, las fuertes diferencias políticas, económicas y sociales que nos separan parecen desaparecer gracias a la Selección Mexicana. Nos sentimos orgullosos de ser parte de lo mismo y nos da la sensación de que, por fin, todos jalamos hacia el mismo lado. Sin embargo, los expertos coinciden en que esta unión dura muy poco. Académicos de la UNAM advierten que, aunque el Mundial ayuda a calmar por un momento los pleitos y diferencias en la sociedad al hacernos sentir parte de un mismo equipo, este alivio es pasajero. No resuelve ni cambia de raíz los problemas profundos que realmente dividen al país [2].

El verdadero reto ciudadano consiste en aprender de esta experiencia. Si somos capaces de unirnos con tanta fuerza por un balón, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo encontrar propósitos comunes para resolver los problemas de fondo de nuestras comunidades? La lección que nos deja el deporte es que la unidad sí es posible cuando hay un objetivo común claro, pero requiere de un compromiso constante que vaya más allá de la duración de un torneo.

¿Y si sí?: el lema mexicano que nos hace creer en imposibles

Si tuviéramos que resumir el motor que impulsa el entusiasmo por el Mundial en una sola expresión, sería la frase: «¿Y si sí?». Esta pequeña pero poderosa pregunta es un motor muy mexicano. Es algo que nació de forma natural en la gente; una frase que nos hace olvidar por un momento las dudas, los datos fríos y la realidad para abrirle la puerta a la esperanza, por más difícil que parezca. Frente a las estadísticas en contra y a los errores del pasado, el «¿Y si sí?» surge como un escudo de fe que tomó el lugar de viejos lemas como el tradicional «Sí se puede” de otros mundiales, invitando al país entero a creer que podemos llegar más lejos de lo esperado, tanto dentro como fuera de la cancha [3].

Esta actitud nos demuestra que los mexicanos no nos movemos solo por una idea, nos movemos por la emoción. Esta frase se volvió viral en internet y llenó los estadios, demostrando que tenemos una enorme necesidad de creer y de romper de una vez por todas con los «no se puede» de nuestra historia [4]. Cuando algo nos llega al corazón, nos entregamos por completo. El apoyo a la selección mexicana no solo se vivió en la calle o en la cancha; también se sintió con mucha fuerza en las redes sociales. Nos unimos y participamos porque nos sentimos parte de algo mucho más grande.

La otra cara de la moneda: la realidad económica del espectáculo

No podemos hablar de la euforia mundialista sin analizar su impacto en la economía de las familias y del país. Detrás de los momentos de alegría y celebración, existe una compleja estructura económica del espectáculo que se ha modificado en las últimas décadas. Hoy en día, acceder al entretenimiento deportivo de primer nivel implica costos elevados (alto costo de las entradas, celebraciones, tecnología, deudas) que muchas veces superan la capacidad real de gasto de las familias promedio.

Incluso a nivel macroeconómico, las expectativas suelen ser exageradas. La Dra. Gabriela Siller Pagaza —quien ha sido colaboradrora de ConParticipación en distintas ponencias— analizó a fondo la estructura económica de este tipo de eventos, y expuso que la derrama económica real y los beneficios masivos suelen ser muy limitados; por ejemplo, la derrama turística estimada apenas impactará una fracción mínima (cerca del 0.3%) del PIB, y los empleos generados tienden a ser únicamente temporales e informales [5].

La misma frase que alimenta la esperanza, en este caso del Mundial —el «¿Y si sí?»—, en ocasiones se traslada al terreno financiero de manera riesgosa mediante deudas o gastos impulsivos. El furor del momento puede llevar a comprometer la estabilidad económica del hogar. Esto nos enseña cómo se ha modificado el negocio del espectáculo y la enorme necesidad de aplicar el criterio y la responsabilidad para que disfrutar del Mundial no se convierta en una carga económica de largo plazo para las familias.

Llevar el «¿Y si sí?» a la transformación real de México

El Mundial de fútbol nos deja una gran enseñanza sobre nuestra propia naturaleza y nuestro potencial como sociedad. Nos muestra un México vibrante, solidario, comunitario y con una enorme sed de esperanza. Pero el verdadero partido de nuestra vida no se juega en las canchas de fútbol, sino en las decisiones diarias que tomamos para mejorar nuestro entorno.

¿Qué pasaría si utilizáramos la fuerza de ese «¿Y si sí?» para transformar otras áreas críticas del país?

  • ¿Y si sí nos organizamos para mejorar la seguridad y la limpieza de nuestra calle?
  • ¿Y si sí participamos activamente en la educación y formación de nuestros hijos con una presencia más activa?
  • ¿Y si sí nos comprometemos a cuidar al más vulnerable, promoviendo el respeto a la vida y la dignidad humana en cada una de nuestras interacciones cotidianas?

En esta Copa Mundial 2026, el campeón fue España, pero también podemos ganar todos si canalizamos esa gran energía colectiva para trabajar juntos, día a día, por el bien común de nuestra sociedad.

La euforia pasa, los estadios ya se han vaciado y la atención pública vuelve a la rutina de siempre. Pero la capacidad de inspirarnos, de unirnos por causas nobles y de poner a la persona humana al centro de nuestras prioridades es algo que podemos elegir mantener activo todos los días. Que esta emoción por el deporte sea el recordatorio de lo mucho que podemos lograr cuando decidimos participar también por el bien común.

ConParticipación

Fuentes:

[1] https://prensa.ibero.mx/es-MX/nota/fiesta-de-extranjeros-en-el-mundial-muestra-un-mexico-mas-complejo-que-el-de-la-violencia-y-el-tono-sepia-academica-ibero 

[2] https://latinus.us/estilo-de-vida/2026/7/1/los-partidos-del-mundial-han-logrado-reducir-la-polarizacion-social-pero-es-temporal-academico-de-la-unam-177692.html 

[3] https://www.latimes.com/espanol/deportes/articulo/2026-07-02/y-si-si-la-frase-que-reemplazo-al-si-se-puede-y-que-invita-mexico-sonar-durante-el-mundial-2026 

[4] https://www.informador.mx/deportes/y-si-si-asi-surgio-la-frase-que-se-ha-hecho-viral-en-millones-de-mexicanos-20260701-0032.html 

[5] https://conparticipacion.mx/la-copa-del-mundo-2026-y-su-verdadero-impacto-en-la-economia-de-mexico/