En su desesperación por ser madre y ante la presión de la familia, Chioma, una mujer residente de Anambra, Nigeria, acudió a una “clínica” que ofrecía un “tratamiento poco convencional” o mejor dicho, una estafa que se aprovecha de las mujeres [1].

Cabe mencionar que Nigeria tiene una de las tasas de natalidad más altas del mundo, por lo que las mujeres enfrentan a menudo una fuerte presión social o malos tratos si no pueden ser madres. Debido a lo anterior, algunas mujeres realizan acciones extremas para cumplir este sueño [2]. 

El caso de Chioma, es una estafa que consiste en que algunas personas se hacen pasar por médicos o enfermeras y convencen a las mujeres de un tratamiento milagroso de fertilidad con el cual les garantizan que quedarán embarazadas. El tratamiento de inicio consta de una inyección, bebida o sustancia que se introduce en la vagina. Se desconoce qué tipo de fármaco se les otorga, pero algunas mujeres expresan que este les provocó cambios en el cuerpo, como hinchazón de este. Como dato curioso, a las mujeres que se someten al dicho tratamiento, se les indica que no visiten a ningún otro médico u hospital pues ninguna ecografía o prueba de embarazo detectaría al bebé. Cuando llega el tiempo de dar a luz al bebé, se les da un medicamento “raro y caro” para el cual piden un pago adicional. Sobre el cómo se produce el parto, existe una diversidad de relatos: hay a quien la sedan y despierta con una incisión similar a la de una cesárea, o hay a quienes le administran una inyección que las lleva a alucinar que están dando a luz. Lo que todas viven es que al despertar, las mujeres tienen un bebé. Un aspecto por resaltar en todos los casos, es que la desinformación es parte vital para consolidar esta estafa [3].

Para que la estafa se concrete o el “tratamiento” se complete, es necesario tener recién nacidos por lo que buscan mujeres vulnerables, muchas de ellas jóvenes. En un país en el que el aborto es ilegal es muy factible encontrarlas. En una redada realizada a un lugar indicado por Chioma, se encontraron con una instalación en la que había habitaciones con material médico, y además, varias mujeres embarazadas que estaban retenidas en contra de su voluntad. Algunas tenían alrededor de 17 años [4].

Ante la dificultad para concebir siempre habrá quien busque ofrecer medios para lograrlo. El “querer” a toda costa tener un hijo puede llevar a algunas personas a pasar por alto que ese hijo, como persona que es, tiene una dignidad humana inalienable. Un hijo es un don y no una necesidad que tenga que cubrirse. Lamentablemente hay quienes se aprovechan de algunas mujeres y se aprovechan de sus problemas para concebir.

ConParticipación 

Fuentes: 

[1] https://www.bbc.com/news/articles/c78dyryreyxo

[2] Ibíd. 

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.