En la primera parte de este artículo reflexionamos sobre la importancia que tuvo el discurso que J. D. Vance, vicepresidente de los Estados Unidos, pronunció el 14 de febrero de este año ante la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC). En este discurso Vance remarcó la existencia de un abismo cultural expresado en la ausencia de valores democráticos en Europa, especialmente se enfocó en la libertad de expresión como el más importante. Ante este abismo y polarización de ideas se corre el riesgo en dicho continente de pasar de un extremo a otro —en cuanto a las políticas, las acciones o estrategias que involucran los valores democráticos—. Debe mantenerse siempre en el centro la dignidad de la persona y la capacidad de dialogar para encontrar soluciones comunes [1]. En esta segunda parte iremos al fondo del problema además de mencionar un par de casos más donde se evidencia lo anterior.
Todo parte de la concepción que tengamos de persona
La pregunta clave que proponemos es: ¿cuál es el concepto de persona que adoptan los tomadores de decisiones, organismos, o cualquier otra figura con autoridad?
Porque a partir de esta concepción o respuesta se establecerán las acciones, políticas públicas, declaraciones, medidas, propuestas, iniciativas por parte del tomador de decisión. El problema raíz es la diferente concepción del ser humano, porque si cambiamos ese concepto fundamental automáticamente cambiamos lo que consideramos derechos humanos.
Por tomador de decisión entendemos a aquellas personas o entidades que tienen el poder de influir en la decisión en pequeña escala (como los padres de familia o líderes de grupos estudiantiles) como a gran escala (rectores, legisladores, presidentes, empresarios, organizaciones).
Desde ConParticipación adoptamos la concepción de la filosofía personalista, que define a la persona como “un sujeto social y comunitario”, cuya “primacía ontológica en relación con la sociedad está contrapesada por su deber de solidaridad en la construcción del bien común” [2]. Además, sus dos modos de ser, como hombre o como mujer, influyen en todas sus dimensiones, cuerpo, mente y espíritu [3].
La relación entre el discurso de J. D. Vance, que condenó la decadencia de los valores democráticos, como la libertad de expresión, y esta concepción de la persona, se concreta en la siguiente pregunta: ¿son las políticas de censura las mejores en la construcción del bien común o solo del bien de unos pocos? Ante la polarización en las diferentes posturas sobre dichos valores, se corre el riesgo de pasar de un extremo a otro, que tampoco es nuestra propuesta. Debemos mantener siempre en el centro la dignidad de la persona y la capacidad de dialogar y encontrar soluciones comunes.
Y siguiendo la línea de análisis, este panorama no solo es un tema de libertad de expresión, sino que constituye un problema estructural más profundo: la redefinición de los valores sobre los que se sostienen las sociedades democráticas.
Lo que antes se entendía como derechos inalienables, ahora está sujeto a interpretaciones que dependen del contexto —por ejemplo, el político— y de las corrientes ideológicas en turno. La censura y la imposición de ciertos discursos como únicos aceptables no solo afectan a quienes piensan diferente, sino que comprometen el equilibrio de cualquier sociedad plural, por ejemplo, casos como el de las recientes elecciones en Venezuela [4].
Es fundamental que entendamos que cuando se limita la voz de alguien con quien no estamos de acuerdo, sentamos un precedente peligroso que, en algún caso, puede volverse en contra de cualquiera. Hoy es la censura de ciertos grupos, mañana podría ser la de aquellos que hoy se sienten protegidos por esta estructura. La libertad de expresión es precisamente ese escudo que permite el debate y la construcción de sociedades más justas.
El caso por ejemplo de Isabel Vaughan-Spruce, en Reino Unido, evidencia este problema. Ella fue arrestada simplemente por orar en silencio cerca de una clínica de abortos, lo que llevó a un debate sobre hasta qué punto el Estado puede regular incluso los pensamientos y expresiones no verbales. Este caso muestra la actitud de represión que sufren quienes defienden la vida de los no nacidos. Las autoridades consideraron una agresión la manifestación privada de la fe de esta persona. Son leyes que al mismo tiempo van contra los derechos a la vida y a la libertad religiosa. Es de celebrar que la defensa legal de Vaughan-Spruce haya logrado una victoria en ese momento [5].
En Alemania, la exclusión de representantes del partido Alternative für Deutschland (AfD) -aunque no avalamos sus posturas- de la Conferencia de Seguridad de Múnich es otro ejemplo de cómo se están cerrando espacios de diálogo bajo la justificación de combatir posturas opuestas a las dominantes cuando lo que realmente se impide es un debate amplio y abierto [6].
En este contexto, la postura que tenemos en ConParticipación es clara: la discusión no debe girar en torno a partidos o personajes, sino a los principios fundamentales que afectan directamente a las personas y las familias. La dignidad humana aquí se expresa en el derecho a expresar ideas sin miedo a represalias y en la necesidad de construir puentes en lugar de levantar muros ideológicos, ambos son puntos innegociables.
El desafío está en reconocer que la solución no es pasar de una censura a otra, sino garantizar que todas las voces puedan ser escuchadas y que el debate democrático no sea sofocado por la imposición de un pensamiento único. La pregunta que sigue abierta es: ¿estamos dispuestos a defender la libertad de expresión incluso cuando no estamos de acuerdo con lo que se dice? Porque solo si la respuesta es afirmativa podremos hablar de una sociedad realmente libre.
ConParticipación
Fuentes:
[1] https://www.youtube.com/live/pCOsgfINdKg
[2] https://www.personalismo.org/filosofia-personalista/#:~:text=La%20persona%20es%20una%20realidad,la%20construcci%C3%B3n%20del%20bien%20com%C3%BAn.
[3] Ibid.
[4] https://conparticipacion.mx/permanencia-de-maduro-en-el-poder-analisis-e-implicaciones-parte-1/
[5] https://conparticipacion.mx/indemnizan-a-una-mujer-provida-por-la-violacion-a-sus-derechos-humanos/