En una nota del medio C-Fam publicada el 10 de julio del presente año, se informó que el gobierno de Italia anunció en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra el lanzamiento de una moratoria global sobre la gestación subrogada con el fin de proteger a las mujeres y a los niños de la explotación y el abuso. La declaración fue realizada por la ministra italiana para la Familia, Natalidad e Igualdad de Oportunidades, Eugenia Roccella, durante un evento paralelo organizado junto con Chile, Camerún y la Santa Sede. “Las mujeres nunca deben ser reducidas a instrumentos de reproducción y los niños nunca deben ser tratados como objeto de una transacción”, afirmó Roccella. Destacó que esta industria global genera millones, y que se requiere una respuesta internacional coordinada. Italia prohibió en sus leyes la gestación subrogada en 2004 y en 2024 extendió las penas a quien intente reconocer este tipo de arreglos en el país [1].
Durante el evento, el arzobispo Ettore Balestrero, Nuncio Apostólico ante la ONU en Ginebra, reconoció el “legítimo deseo de tener un hijo”, pero subrayó que “todo niño tiene derecho a un origen plenamente humano”. Por su parte, representantes de Chile y Camerún apoyaron la moratoria como medida prudente y responsable. La iniciativa sigue las recomendaciones de la Relatora Especial de la ONU sobre la Mujeres, Reem Al-Salem, quien ha llamado a proteger el lenguaje específico de “madre” basado en la biología [2].
Por su parte Irlanda, en nombre de 26 de los 27 países de la Unión Europea, criticó duramente la posición; argumentó que “el derecho internacional de los derechos humanos no define la maternidad” y acusó a la relatora de contribuir a la violencia contra las mujeres. Italia discrepó públicamente de sus socios europeos y defendió el apoyo a la maternidad como esencial para la libertad y dignidad de las mujeres [3].
La ONU es escenario de un debate que sacude a las naciones. Es necesaria una pausa de reflexión en la sociedad para comprender la diferencia entre el legítimo anhelo de tener un hijo y el así llamado “derecho” a tener un hijo. La dignidad con la que debemos ver al hijo nos exige comprender que no podemos verlo como un derecho sino como un don. Dicho de otra forma, no podemos decir de él “eres mi derecho”. Así mismo, llegar a ser madre no debe ser visto como un proceso mecánico donde a la mujer se le somete a tratamientos que no incorporan el don recíproco entre la madre y el padre.
ConParticipación
Fuentes:
[1] https://c-fam.org/friday_fax/italy-fights-eu-on-gestational-surrogacy/
[2] Ibid.
[3] Ibid.