La violencia en Sinaloa ha generado indignación y protestas tras el asesinato de Antonio de Jesús Sarmiento, de 40 años, y sus hijos Alexander, de 9, y Gael, de 12, quienes fueron atacados por un grupo armado el 19 de enero en Culiacán. En el incidente, ocurrido durante un presunto intento de robo de vehículo, también resultó herido otro de los hijos, Luis Adolfo, de 17 años, quien permanece grave [1].
En respuesta ciudadanos, familiares, amigos y maestros se manifestaron en Culiacán para exigir justicia y mayor seguridad a la administración actual del estado. Entre las consignas se escucharon gritos como «¡Fuera Rocha!» y «¡Fuera Morena!», señalando al gobernador Rubén Rocha Moya y su partido como responsables de la crisis de inseguridad en el estado. Las pancartas llevaban mensajes como «Ningún inocente más» y «Con los niños no» [2].
Este asesinato es reflejo de la ola de violencia que golpea Sinaloa desde septiembre del año pasado. En los últimos cuatro meses se han registrado más de 994 homicidios, 462 carpetas de investigación y 239 desapariciones [3].
Es lamentable que la violencia en Sinaloa y en muchas partes del país parece ser indiferente para la administración actual del estado o con estrategias de seguridad que no han funcionado en estos años. También causa extrañeza que el gobierno federal no actúe con mayor contundencia y que numerosas declaraciones de funcionarios federales se dirigen más a defender al gobierno local que a tranquilizar a la población informando sobre las medidas que se tomarán para garantizar su seguridad.
ConParticipación
Fuentes:
[3] Ibid.