¿A qué mexicano no le ha pasado que al viajar a algún lugar por primera vez, en el que no conoce la cultura, las costumbres o el idioma, se encuentre a otro mexicano y se dé una conexión especial? Es curioso pero ese fenómeno se produce al instante, casi automáticamente. Lo anterior se encuentra estrechamente ligado a la construcción de la identidad nacional de los mexicanos y la necesidad de mantener el vínculo con las raíces. La identidad nacional es un proceso dinámico que se forma a través de hechos históricos, etnias, lenguas y creencias. 

En los últimos años, con el resurgimiento de discursos nacionalistas en el ámbito político, se ha reabierto el debate sobre lo que realmente significa ser mexicano y de si ese concepto está siendo moldeado por la agenda del gobierno que está en funciones o por una auténtica comprensión de nuestra diversidad. Existe un riesgo latente: que el nacionalismo exaltado sea una herramienta de conveniencia política más que un camino hacia una mejor y más inclusiva definición de quiénes somos como nación [1].

12 de Octubre: encuentro, colonización y tradiciones

El 12 de octubre, históricamente conocido como el Día de la Raza, es la fecha en la que se recuerda la llegada de Cristóbal Colón a lo que hoy se conoce como América. En los últimos años, esta fecha es más reconocida como un día de reflexión sobre el encuentro de dos mundos, es el punto de partida para entender la complejidad de nuestra identidad. La llegada de los europeos trajo una fractura y, a la vez, el origen de nuestra mezcla. La colonización impuso una nueva estructura social, religiosa y política, pero no erradicó por completo las culturas ancestrales. Hoy la riqueza de México se expresa en la persistencia de esas costumbres y lenguas que conviven con la modernidad. Por ello el Día de la Raza dejó de llamarse así oficialmente, para denominarse como el Día de la Nación Pluricultural, gracias a un decreto que el gobierno mexicano promulgó en  2020. 

Lo que se buscaba, según el decreto, fue el reconocimiento explícito de los pueblos indígenas y afromexicanos como parte de México, pero omite el reconocimiento de una realidad que surgió como herencia compartida por varias culturas. Y si bien el decreto habla de evitar “festejar sometimiento”, la eliminación de culturas precolombinas, y conmemorar la resistencia indígena [2], nos parece insuficiente porque nuestra identidad no es fruto de una resistencia sino de una amalgama rica, proveniente de orígenes tanto prehispánicos como de los europeos que llegaron.

Rasgos distintivos: entre la hospitalidad y la «Mexicanada»

Al mexicano se le reconoce por un lado, por sus cualidades positivas de gran valor social, las personas que no son mexicanas nos califican como cálidos, solidarios, hospitalarios. Estas características nos han permitido responder de forma destacable en momentos de crisis y son pilares de nuestra convivencia. Sin embargo, también lidiamos con un conjunto de etiquetas negativas que amenazan con convertirse en algo así como una “profecía cumplida”, pues existe la creencia de que los mexicanos son “transas» o que dejan «las cosas al final». La famosa «mexicanada» es un ejemplo de ese ingenio que, si bien puede interpretarse como una solución creativa, es común que esté entre la improvisación o la ilegalidad. Tenemos la tarea pendiente de transformar ese ingenio en una fuerza para el bien, quitarnos esas etiquetas negativas y demostrar que tenemos grandes cualidades que nos han llevado al éxito en múltiples campos a nivel global [3]. A pesar de los factores en contra, el orgullo de ser mexicano se mantiene entre la población como un sentimiento generalizado.

La sombra del clasismo y el racismo

La identidad mexicana no se define únicamente por el origen, sino también por ciertas dinámicas hacia el interior del país. La sociedad mexicana enfrenta el desafío del clasismo y el racismo, los cuales se manifiestan de manera sutil y a veces, de forma muy evidente. Dentro del país, existe una diferenciación social que ha estado presente desde su fundación y que de alguna forma ha evolucionado en un clasismo: a veces se asocia al tono de piel, a veces a la capacidad económica. Lo anterior se refuerza con la influencia de los medios de comunicación, o corrientes como el consumismo [4]. El color de piel, el origen étnico o la región de procedencia siguen determinando el acceso a oportunidades y el trato social. De acuerdo con el informe “Identidades entrelazadas: las capas de la violencia basadas en género desde una mirada interseccional”, alrededor de 23.2 millones de mujeres indígenas sufren por falta de empleo, discriminación por su apariencia, falta de atención médica, entre otros aspectos [5]. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la discriminación es un tipo de rechazo social basado en prejuicios, estereotipos y estigmas que traen como consecuencia afectaciones a los derechos humanos de las personas [6]. Un verdadero nacionalismo es aquel que busca la unidad, debe confrontar y desmantelar estas estructuras internas de discriminación.

Nacionalismo, globalización y xenofobia

Para los mexicanos la bandera es un símbolo que nos identifica y une, pero el significado de ser «patriota» parece haber evolucionado pues para las nuevas generaciones, el patriotismo ya no se manifiesta al mismo nivel o de la misma manera que en el pasado. Lo anterior puede ser influenciado por la situación económica o a una visión más globalizada del mundo. En muchos sectores, se sigue valorando más lo foráneo que lo propio, lo que disminuye el aprecio por la amplia belleza cultural de nuestro país. La influencia de los Estados Unidos y la globalización, han generado una tensión constante entre lo local y lo extranjero. 

Esta tensión se ha incrementado debido al fenómeno migratorio. Si bien el mexicano se reconoce como hospitalario, la presencia de migrantes en tránsito o en búsqueda de refugio, ha mostrado un sector de la población que es hostil ante estas personas, y que pone en entredicho esa característica de calidez del mexicano. Ante la desbandada de mexicanos repatriados, tanto el gobierno como los empresarios, han implementado acciones para recibirlos y abrirles alternativas para que puedan salir adelante [7]. Nuestro nacionalismo y solidaridad se ponen a prueba para recibir y apoyar a los propios y extranjeros. Una muestra de ello son las distintas protestas que se han llevado a cabo en la capital del país para manifestarse en contra de las deportaciones de migrantes, la xenofobia y racismo de Estados Unidos [8].

El reto de México no es imaginarse como una nación perfecta, sino aceptar y unir de forma honesta todas las partes distintas y a veces difíciles de nuestra realidad, para construir un país más unido y realmente justo. Sería deseable transformar el ingenio de la «mexicanada» en valor positivo, y reforzar nuestra hospitalidad para que vaya más allá de las fronteras y acoja y respete tanto al paisano como al migrante.

ConParticipación

Fuentes:

[1] https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/981072/PND_2025-2030_v250226_14.pdf 

[2]  https://www.milenio.com/cultura/dia-de-la-raza-por-que-ha-cambiado-de-nombre

https://www.reporteindigo.com/entretenimiento/Dia-de-la-Raza-por-que-ya-no-se-celebra-cual-fue-el-cambio-y-ahora-como-se-llama-20251011-0049.html

[3] https://www.infobae.com/mexico/2025/08/06/ellos-son-los-mexicanos-mas-ricos-del-mundo-en-agosto-de-2025-segun-forbes/

https://www.meganoticias.mx/s-luis-r-colorado/noticia/las-mujeres-lideres-de-mexico-segun-forbes-en-2025/631055

[4] https://www.youtube.com/watch?v=eRfd6RLrxgo

[5] https://animalpolitico.com/genero-y-diversidad/mujeres-indigenas-mexico-discriminacion-pobreza

[6] https://www.inegi.org.mx/tablerosestadisticos/discriminacion/

[7] https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/01/31/politica/con-mexico-te-abraza-se-enfrentaran-la-xenofobia-el-racismo-y-la-exclusion-sg-2420 

[8] https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/02/23/sociedad/marchan-contra-deportaciones-racismo-y-xenofobia-de-trump-sobre-reforma-8214