México se ha convertido en un epicentro del «negocio de bebés» a nivel internacional, impulsado por la demanda extranjera y el empobrecimiento local. Tras las restricciones impuestas en países como India y Tailandia, el mercado mexicano ha crecido debido a la falta de regulaciones y bajos costos, donde un proceso completo cuesta alrededor de 70 000 dólares, es decir, aproximadamente la mitad de lo que cuesta en Estados Unidos. En este entorno, las agencias y clínicas operan en un mercado impulsado por el lucro donde los contratos de gestación quedan a discreción de acuerdos privados, lo que facilita la explotación de mujeres en situaciones de vulnerabilidad económica. Como señala la abogada Patricia Olamendi Torres, los beneficiarios de este sistema “explotan la pobreza en la que se encuentran millones de mujeres. Han promovido a México como un mercado barato donde se puede comprar un bebé” [1].
El impacto humano de esta industria revela una deshumanización tanto de la madre como del niño, quienes son tratados como productos bajo condiciones en contratos muy estrictos. Diversos testimonios exponen que a las gestantes se les entrena para verse a sí mismas como meras incubadoras; por ejemplo, una madre subrogada llamada Anna expresó: “Es obligatorio firmar un contrato en el que te comprometes a no amar al bebé. La agencia me instruyó para que me viera como una incubadora y no como una madre”. Un medio informativo destacó graves riesgos y negligencias, como el caso de unos gemelos abandonados en un hospital en 2020 después de que uno naciera con discapacidades, evidenciando que en este sistema los niños no son recibidos como un regalo, sino que son «diseñados» y «ordenados» según la genética, el costo y la conveniencia de los clientes [2].
La gestación subrogada reduce la vida humana a un objeto de consumo al producir hijos en etapa embrionaria bajo diseño, descartar los sobrantes y utilizar el cuerpo de la mujer como herramienta de producción, exponiéndola a riesgos físicos y explotación. Es necesario dejar de percibir a los hijos como bienes que se pueden adquirir pues esto afecta su dignidad propia y la de terceros. Desde la concepción, todo ser humano posee una dignidad intrínseca que debe ser garantizada.
ConParticipación
Fuentes:
[1] https://www.liveaction.org/news/mexicos-surrogacy-market-banks-womens-bodies
[2] Ibid..