En los últimos años se ha vuelto evidente que en general todos estamos hartos frente a realidades que parecen no transformarse: la inseguridad, el crimen y la economía. Sin embargo, nos damos cuenta de que este hartazgo suena diferente en cada generación. Según el estudio Latinobarómetro 2023 —una encuesta que realiza una organización del mismo nombre y que se aplica anualmente en 18 países latinoamericanos para observar el desarrollo de las democracias, las economías y las sociedades— los principales problemas que percibe el mexicano de entre 15 y 25 años son:
- la inseguridad pública – 19.6 %
- la pobreza – 17.2 %
- la economía – 13.5 % [1]
Este cansancio no se expresa únicamente en la queja, sino que para algunos comienza a traducirse en participación, cuestionamiento y exigencia de cambios reales. En este contexto, la reacción social adquiere un rostro generacional cada vez más claro: el de la Generación Z.
Si has dicho frases como “generación de cristal” o “una generación que se ofende por todo”, o incluso no sabes qué es la generación Z, entonces este blog es para ti. No se trata de una generación apática ni indiferente, como en ocasiones se le retrata, por el contrario, ha crecido en medio de crisis económicas, sociales y sanitarias (como el COVID 19), y ha aprendido a identificar rápidamente aquello que percibe como injusto o incoherente. Nos damos cuenta de que su participación no nace de estar cómoda, sino de la frustración acumulada ante sistemas que le han prometido mejores condiciones, pero que con frecuencia no logran materializarlas.
En ConParticipación creemos que la persona es capaz, que lo mueve el bien y tenemos una visión positiva de ella. En este blog te platicaremos cómo es que la Generación Z se está consolidando como un nuevo agente de cambio social. No porque tenga todas las respuestas, sino porque se atreve a formular preguntas incómodas, a señalar contradicciones y a exigir congruencia. Si comprendemos mejor a esta generación encontraremos mejores caminos para cualquier proyecto social, educativo o comunicativo que busque incidir de manera responsable en el presente y en el futuro.
Una generación nacida en lo digital
La Generación Z está conformada, de manera general, por las personas nacidas entre los años 1997 y 2012. Aunque los rangos pueden variar, existe un consenso amplio en que se trata de la primera generación que creció completamente inmersa en la era digital. Internet, las redes sociales, smartphones y la comunicación inmediata no son para dicha generación un invento reciente, sino parte estructural de su entorno cotidiano [2].
La comunicación digital ocupa un lugar central en su dinámica social. A través de plataformas digitales se visibilizan causas, se denuncian injusticias y se articulan movimientos. El lenguaje visual, los mensajes breves y el storytelling se convierten en vehículos fundamentales para transmitir ideas y movilizar a otros. Esta forma de comunicación permite que problemáticas locales adquieran relevancia global en cuestión de horas, por ejemplo, las diversas marchas “Generación Z” que se realizaron en 2025 para exigir mejores condiciones en diversas ciudades del mundo [3].
Sin embargo, reducir su participación a lo virtual sería un error. En los últimos años observamos un despertar cívico que va de lo digital a lo presencial. Cuando una causa les incomoda profundamente, la Generación Z cruza la pantalla y ocupa el espacio público: organiza marchas, participa en protestas, impulsa campañas comunitarias y exige respuestas concretas. La tecnología, en este sentido, funciona como un catalizador, no como un sustituto de su compromiso social.
Justamente este es el reto que vemos: ¿cómo salir de la queja de redes sociales y asegurar su participación?
Del activismo digital a la presencia en el espacio público [4]
La generación Z ha sido etiquetada entre otras cosas como “activistas de redes sociales” o “jóvenes indiferentes” como si su participación se limitara a compartir publicaciones, firmar peticiones en línea en change.org, subir stories o twittear en X. Sin embargo, esa lectura se queda corta. Para esta generación, el entorno digital no es un sustituto de la acción colectiva, sino su punto de partida.
Las redes sociales funcionan como espacios de información, organización y denuncia. A través de ellas, los jóvenes identifican problemáticas, construyen narrativas propias y generan comunidades que trascienden fronteras. Lo que antes requería estructuras formales o intermediarios hoy puede nacer de un video viral, un hilo en X o una transmisión en vivo etiquetando a influencers que les puedan dar eco. Esta capacidad de articulación rápida ha permitido que causas sociales se visibilicen con una fuerza y rapidez que antes no se veía.
¿Qué nos dice esto? Que esta generación en primer lugar no está cómoda con cosas que percibe injustas, y posteriormente encuentra en plataformas digitales un primer espacio de participación ciudadana.
Nuevas formas de participación política y social [5]
Y te preguntarás, ¿qué cosas mueven a la generación Z? La participación de esta generación se vuelve más inmediata, más emocional y más vinculada a la coherencia entre discurso y acción. De ahí su rechazo a los eslogans vacíos y a las promesas a largo plazo que no se traducen en cambios reales. Además, privilegia el trabajo colaborativo sobre los liderazgos verticales. Prefiere múltiples voces, inclusión de todos y sin una figura central que monopolice la representación. Y como valor clave de identificación se busca la autenticidad: “Se sigue a quien vive lo que dice, a quien le puedo entender”. Esta lógica transforma la manera en que se construyen sus referentes sociales y políticos.
En este contexto, la participación social de la generación Z abre la puerta a nuevas dinámicas de organización, donde la confianza se gana a través de la coherencia, la cercanía y la capacidad de generar impacto tangible en la realidad.
Temas como el cuidado del medio ambiente, la salud mental, el bienestar animal, la justicia social, la inclusión y la lucha contra la corrupción se han convertido en motores de acción colectiva. Estas causas conectan con un hartazgo generacional frente a estructuras que consideran injustas o ineficientes. La inseguridad, la corrupción y la desigualdad no son fenómenos abstractos para esta generación, sino realidades que afectan directamente su presente y su futuro. Por ello, su exigencia no se limita al reconocimiento simbólico de los problemas, sino a la implementación de cambios concretos y verificables.
En la narrativa pública y política comienzan a reflejarse estas preocupaciones. Los discursos que ignoran estos temas tienden a perder relevancia entre los jóvenes, mientras que aquellos que los incorporan sin coherencia práctica son rápidamente cuestionados. La generación Z ha desarrollado una sensibilidad particular para detectar incongruencias entre lo que se dice y lo que se hace.
Críticas, desafíos y el valor social de la generación Z
La generación Z suele ser objeto de críticas que la describen como frágil, impaciente o excesivamente idealista. Se le acusa de querer cambios inmediatos y de vivir muchas veces desconectada de la realidad. Sin embargo, muchas de estas lecturas ignoran el contexto en el que esta generación ha crecido: un entorno marcado por la incertidumbre, la violencia, la precariedad y la desconfianza hacia las instituciones.
Lejos de ser un signo de debilidad, en ConParticipación creemos que la sensibilidad de la generación Z refleja una mayor conciencia sobre el impacto que las estructuras sociales tienen en la vida de las personas. Su insistencia, por ejemplo, en hablar de salud mental responde a una experiencia generacional que ha normalizado crisis múltiples y constantes. Esto les ha llevado a cuestionar modelos que priorizan resultados económicos o políticos por encima del bienestar humano.
Uno de los principales desafíos que enfrenta esta generación es lograr que sus voces sean escuchadas más allá del ruido digital y de los intereses particulares. En un contexto donde emergen nuevos mecanismos de control y desinformación —como el uso de inteligencia artificial, bots y campañas de manipulación— el reto no solo es expresarse, sino sostener espacios auténticos de diálogo y participación.
Reconocer el valor social de la generación Z implica dejar de verla únicamente como una generación en transición y asumirla como protagonista del presente. En su búsqueda de igualdad, libertad y justicia, aunque con significados distintos a los de generaciones previas, hay una oportunidad real de reconstruir el tejido social y de repensar el rumbo colectivo desde una perspectiva más humana.
¿Y ahora?
Incluir a la generación Z en la conversación pública no significa únicamente hablarles en su lenguaje o utilizar las plataformas que consumen, sino reconocerlos como personas y actores legítimos en la construcción del presente y del futuro. Para esta generación, la participación auténtica implica ser escuchados, tomados en cuenta y ver reflejadas sus preocupaciones en decisiones reales.
Para aterrizar este tema te ponemos sobre la mesa las preguntas que puedes hacerte —y que todos como sociedad, podríamos hacernos— para promover la inclusión de los jóvenes o adolescentes de la generación Z:
- ¿Estoy escuchando a la Generación Z o solo hablando sobre ella? ¿Existen espacios reales donde los jóvenes puedan expresar lo que les preocupa, o solo se les consulta de manera superficial para validar decisiones ya tomadas?
- ¿Las causas que promovemos conectan con sus preocupaciones reales?
¿Mis proyectos toman en cuenta temas que a la Generación Z le resultan urgentes —salud mental, medio ambiente, justicia social, dignidad humana— o sigo priorizando agendas desconectadas de su realidad? - ¿Mi discurso es coherente con lo que hago? ¿Yo vivo lo que comunico a la Generación Z?
- ¿Les pedimos compromiso sin ofrecer acompañamiento?
¿Existen procesos de acompañamiento que sostengan su participación, o se les exige acción sin apoyo? - ¿Sabemos diferenciar activismo auténtico de activismo instrumentalizado?
¿Utilizo las causas juveniles como recurso comunicativo o estamos dispuestos a asumir los costos reales que implica el cambio social?
Las publicaciones, iniciativas y espacios de diálogo que buscan conectar con la generación Z deben partir de la coherencia. Los jóvenes han mostrado un cansancio profundo frente a discursos políticos, culturales e ideológicos que prometen cambios, pero no se traducen en prácticas concretas orientadas al bien de todos. Por ello, valoran los mensajes claros, honestos y anclados en acciones verificables, más que en narrativas aspiracionales vacías.
Asimismo, es clave abrir espacios de colaboración donde puedan aportar desde su creatividad, su capacidad de trabajo en equipo y su sensibilidad social. La generación Z no busca imponer una visión única, sino construir de manera colectiva soluciones que respondan a problemas reales. En ese proceso, la autenticidad se convierte en el principal puente entre generaciones.
Cada generación enfrenta desafíos propios, pero en ConParticipación consideramos que el reto es el mismo: volver a poner a la persona en el centro. La generación Z, con su cuestionamiento constante y su inconformidad frente a lo establecido, ofrece una oportunidad para reorientar el cambio social hacia modelos más justos, humanos y sostenibles. Reconocer su valor no solo fortalece el tejido social, sino que amplía las posibilidades de un futuro construido desde la dignidad y la responsabilidad compartida.
La generación Z no representa únicamente una etapa más dentro del relevo generacional, sino un punto de inflexión en la manera de comprender y ejercer el cambio social. Su capacidad para articular causas, movilizar comunidades y cuestionar narrativas establecidas la posiciona como un actor clave en los procesos de transformación actuales. En su búsqueda de igualdad, libertad y justicia se esconde una oportunidad para replantear el rumbo colectivo, siempre que exista disposición al diálogo intergeneracional y a la construcción conjunta.
Reconocer a la generación Z como agente de cambio implica: escuchar, acompañar y generar condiciones para que su participación tenga impacto real. En ese encuentro entre generaciones se juega una parte fundamental del futuro social, político y cultural de nuestras comunidades.
ConParticipación
Fuentes:
[1] https://www.latinobarometro.org/documents/LAT-2023/latinobarometro-2023-mexico-v1-0.pdf (página 4)
[2] https://www.pewresearch.org/short-reads/2019/01/17/where-millennials-end-and-generation-z-begins/
[4] https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0007681324000223