El 8 de julio de 2026, la revista médica The New England Journal of Medicine publicó el artículo Contextualizing the Dead Donor Rule in an Era of Voluntary Euthanasia, firmado por los doctores Ian Ball, Carter Winberg y Robert Truog [1]. En esta publicación propusieron permitir que personas en Canadá que solicitan la eutanasia puedan morir durante la extracción de sus órganos para trasplante, en lugar de hacerlo después de haber sido declaradas clínicamente muertas. Los autores sostienen que la legalización de la eutanasia voluntaria modifica el contexto ético de la donación de órganos; plantean que el énfasis debería centrarse en respetar las decisiones autónomas del paciente y garantizar salvaguardas contra la coerción, más que en determinar el momento exacto de la muerte biológica [2]. 

Tras la publicación del artículo, congresistas, bioeticistas y líderes religiosos manifestaron su preocupación por la propuesta, al considerar que podría desdibujar los límites éticos entre la atención médica, la eutanasia y la donación de órganos, además de aumentar el riesgo de presión sobre personas en situación de vulnerabilidad [3].

Actualmente, esta práctica, conocida como «muerte por donación de órganos», es ilegal en Canadá, ya que la legislación exige que la extracción de órganos se realice después de que la persona haya sido declarada clínicamente muerta. Sin embargo, la eutanasia es legal en Canadá desde 2016. Además, está previsto que en 2027 entre en vigor la ampliación de la asistencia médica para morir a personas con enfermedad mental, conforme a lo establecido por el Proyecto de Ley C-7, salvo que el gobierno canadiense impulse nuevos cambios legislativos [4]. 

Esta propuesta de matar mediante la extracción de órganos, es peligrosa porque no es lo mismo consentir a la donación de órganos que ver al enfermo como un objeto que se puede usar en vez de cuidar. Una vez que dejamos que el criterio de dignidad deje de anclarse en la vida misma y empiece a depender de su utilidad (en este caso, la utilidad de los órganos para otros), abrimos la puerta a instrumentalizar al paciente moribundo. La medicina está para cuidar, no para decidir quién merece seguir viviendo ni para optimizar el momento de la muerte en función de terceros; sostenemos que los cuidados paliativos son la vía que protege la dignidad del enfermo terminal.

ConParticipación 

Fuentes: 

[1] https://www.nejm.org/doi/abs/10.1056/NEJMms2601611
[2] https://www.lifesitenews.com/news/doctors-propose-death-by-organ-donation-for-euthanasia-seekers/
[3] Ibid.
[4] Ibid.