Según el último informe del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) del Ministerio Nacional de Argentina, durante 2025, los suicidios aumentaron 22.6% en dicho país con 5 209 víctimas, equivalente a una tasa de 11.8 casos por cada 100 000 habitantes. La cifra casi triplicó el número de homicidios registrados durante el mismo periodo y convirtió nuevamente al suicidio en la principal causa de muerte violenta en el país. De acuerdo con el informe, mientras los homicidios y las muertes por accidentes viales disminuyeron, los suicidios mantuvieron una tendencia ascendente y encabezan las muertes violentas desde 2023 [1] [2]. 

Unido a esto un estudio anual de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) encontró que 6.5% de los más de 2 000 participantes encuestados en 2025 presentaba riesgo de desarrollar un trastorno mental. La situación es particularmente preocupante entre los jóvenes de 18 a 29 años, quienes registraron los niveles más altos de riesgo suicida. El informe también reveló que 35.8% de los participantes consideró estar atravesando una crisis. Entre ellos, 55.9% señaló dificultades económicas, 52.4% una crisis vital y 36.4% problemas familiares [3]. 

Martín Etchevers, especialista y uno de los autores del estudio,  advirtió que, pese a la amplia tradición argentina en psicología y psicoterapia, persisten estigmas y prejuicios en torno a los trastornos mentales. Según el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), 29% de los encuestados afirmó recibir tratamiento psicológico, mientras que la mitad de quienes no lo reciben consideró que lo necesita. Etchevers señaló que las consecuencias de la pandemia de Covid-19 podrían ser de los factores que explican el deterioro de la salud mental, especialmente entre niños y jóvenes, que enfrentaron largos periodos de aislamiento y suspensión de actividades escolares. También destacó que una parte importante de los suicidios pueden prevenirse mediante políticas públicas sostenidas, mayor educación sobre salud mental y capacitación para identificar señales de alerta en personas que atraviesan crisis o presentan pensamientos suicidas [4]. 

Estas cifras del país sudamericano reflejan un problema que permea al mundo: la fragilidad del tejido familiar y comunitario que debería sostener a las personas antes de que lleguen a ese punto límite. Insistimos en que la respuesta no puede ser solo clínica o estadística, sino también existencial. Es decir, acompañar a las personas, sobre todo a los jóvenes, a encontrar sentido en medio del sufrimiento, y fortalecer explícitamente a la familia y las redes de apoyo cercanas como primera línea de prevención, junto con la educación en salud mental y las políticas públicas sostenidas que la evidencia recomienda.

ConParticipación 

Fuentes: 

[1] https://cloud-snic.minseg.gob.ar/Informes/SNIC/Informe_SNIC_Nacional_2025.pdf Página 176.
[2]https://latinus.us/estilo-de-vida/2026/7/12/crisis-de-salud-mental-en-argentina-tasa-de-suicidios-crece-226-casi-triplica-los-homicidios-178713.html