“Estoy orgulloso de ti”. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste esas palabras de tu papá? ¿O cuándo fue la última vez que tú las dijiste a tus hijos? Hay palabras que van marcando nuestra vida. La primera que pronunciamos, aquellas que escuchamos de niños por mamá y papá, las que aprendíamos en los primeros años de escuela, el primer “te quiero”, la primera grosería, el primer “te amo”, los primeros “adiós” significativos, e incluso aquellas que no logramos nunca decir pero sí pensar. Hoy en el marco del Día del Padre el centro de este blog serán esas cuatro palabras que probablemente todos siempre hemos querido escuchar de nuestro propio padre, o quienes tienen hijos, quizá hayan querido decírselas: “Estoy orgulloso de ti”.
Es una expresión que cuando la escuchamos reforzamos eso que ya sabemos, o mejor dicho que aún sin saberlo es un hecho: somos valiosos. Y que la mencione un padre es muy significativo, pues hacer sentir orgulloso a sus padres es probablemente uno de los grandes anhelos de todo hijo.
El tercer domingo de junio celebramos en México como cada año el Día del Padre. Algunos lo hacemos celebrando con desayunos en familia, abrazos, llamadas, publicaciones en redes. Pero este año queremos ir más allá de la fecha en sí misma. Queremos hacer una pregunta de fondo: ¿qué clase de padres necesita México hoy? ¿Y qué hace falta para que más hijos crezcan sabiendo que alguien se siente orgulloso de ellos?
¿Dónde nació este día?
El Día del Padre tiene su origen en Estados Unidos a principios del siglo XX, y fue impulsado por Sonora Smart Dodd, una mujer que estaba orgullosa de su padre, Henry Jackson Smart. Henry era un veterano de guerra que asumió la responsabilidad de criar solo a sus hijos tras la muerte de su esposa.
Dado el éxito del que ya gozaba el Día de las Madres, Sonora promovió una fecha dedicada a resaltar la importancia de la figura paterna y su impacto en la crianza de las nuevas generaciones. Con el paso de los años, la idea fue cada vez más popular y se fue replicando en varios países, hasta convertirse en una de las celebraciones familiares más reconocidas en el mundo [1].
Algunos datos importantes como cada año
Ahora que sabemos la historia de esta conmemoración regresemos a México, porque algunas cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) nos dan un retrato de la paternidad en nuestro país que nos llaman la atención. Según el Censo de Población y Vivienda 2020, en México hay 45.3 millones de hombres de 15 años o más, de los cuales el 46.9% son padres de al menos una hija o hijo que reside en la misma vivienda. Es decir, en total, el país cuenta con 21.2 millones de hombres que son padres. La gran mayoría, el 93.5%, están casados o en unión libre [2].
Por otro lado, la ausencia paterna en México tiene distintos rostros. El más visible es el del padre que no vive con sus hijos: el INEGI reporta 4 180 000 hogares en esa situación; de estos, 7 de cada 10 son sostenidos por una madre autónoma y económicamente activa entre los 30 y 34 años de edad. Los estados donde este fenómeno es más pronunciado incluyen Veracruz, Guerrero, Morelos, Jalisco, Sinaloa, Sonora y Chihuahua [3] [4] [5].
La psicología lleva tiempo documentando el impacto de la figura paterna en el desarrollo humano. Y los hallazgos son consistentes: un padre presente, afectuoso y comprometido contribuye de manera significativa al desarrollo emocional, lingüístico, social y cognitivo de sus hijos, fortalece su autoestima y los ayuda a establecer relaciones sanas, es también soporte de su identidad.
En cambio, los hijos que crecen sin la figura del padre son más propensos a desarrollar inseguridad, baja autoestima y dificultades para establecer vínculos de confianza en la adultez. Estudios especializados señalan también mayor riesgo de conductas de riesgo en la adolescencia y, en algunos casos, la repetición del patrón: hijos de padres ausentes que, cuando crecen, también se alejan de sus propios hijos [6].
Los padres de hace décadas
Por mucho tiempo, el «buen padre» mexicano fue sinónimo de proveedor: el que sale a trabajar, el que trae el sustento a casa, el que paga las cuentas. Su autoridad era incuestionable, pero su afecto era algo que no siempre se expresaba. Culturalmente se aceptó al padre como una figura de distancia: presente en la estructura familiar pero ausente en la cotidianidad emocional.
Las costumbres y los roles dentro de la familia empezaron a cambiar poco a poco. Desde hace ya algunas décadas se le empezó a pedir al padre algo que nadie le había enseñado: estar presente de otra manera. No solo como sostén económico, sino como compañero de crianza, como figura de afecto, como alguien que escucha. Y muchos padres de hoy cargan con el peso de no haber recibido lo que ahora se les pide que den. Padres que nunca escucharon un «te quiero» o un “estoy orgulloso de ti” de su propio padre. Padres que aprendieron que mostrar emoción era signo de debilidad. Padres que quieren estar presentes, pero no saben cómo porque nadie se los enseñó.
Decir «Me siento orgulloso de ti” requiere de valentía sobre todo para aquellos padres actuales o abuelos. El padre que necesita México hoy no es el padre perfecto o meramente proveedor. Es el que decide romper los patrones y se atreve a decirle a su hijo de diez años, de dieciséis o de treinta: «Lo que hiciste hoy me hizo sentir muy orgulloso.»
Esa clase de reconocimiento es decir: «Existes, te veo, y lo que eres me importa.» Y vale decirlo también para los padres que no están físicamente con sus hijos, por separación, por trabajo, por distancia: la presencia no siempre requiere cercanía geográfica. Una llamada con atención genuina, un mensaje que diga «estoy pensando en ti», un espacio donde el hijo sepa que puede hablar sin ser juzgado: todo eso cuenta.
¿Por qué un padre debería estar orgulloso de sus hijos?
Sabemos que suena a una pregunta que no tiene mucho sentido hacerla, pero hagámosla. Siempre regresar a las preguntas básicas nos da respuestas que damos por hecho y son muy importantes. ¿Debería enorgullecerse un padre de su hijo? ¿Por qué?
Un padre debería sentirse orgulloso de un hijo no por lo que hace, sino por quién es: un hijo y una persona que existe, que es…gracias a él. Quizá también por cómo enfrenta las cosas, por cómo trata a los demás, por la persona que está eligiendo ser cada día. El orgullo más profundo no viene del diez en el examen, ni del trofeo escolar o de la graduación, viene de ver al hijo decir la verdad cuando mentir era más fácil, levantarse cuando no tiene ganas todos los días después de una caída, ser generoso sin que nadie lo vea.
El padre no es solo proveedor ni autoridad: es una de las primeras voces que le dice a un hijo que su vida tiene valor, que su existencia importa, que hay alguien que lo ve y cree en él. Cuando esa voz no aparece, o solo aparece para señalar errores, algo en la búsqueda de sentido de ese hijo queda incompleta. Sentirse orgulloso de un hijo es también un acto de sentido para el padre, es decir, es la confirmación de que su presencia, su tiempo, su entrega, dejaron algo real en otra persona.
La persona no vale por lo que produce ni por lo que logra, vale por lo que es. Su dignidad es inherente. En este sentido, un padre no debería estar orgulloso de un hijo porque saca buenas calificaciones o porque tiene éxito, eso sería tratar al hijo como un objeto que cumple una función, como un medio para la satisfacción del padre. En ConParticipación creemos que el orgullo auténtico que siente un padre es un acto de reconocimiento: ver al hijo como un fin en sí mismo, como una persona irrepetible, única, que no puede ser reducida a sus resultados ni a las expectativas que otros depositaron en ella, ni siquiera las propias.
En el fondo estamos hablando, sí, de amor. Pero no como amor sentimental, sino la decisión de querer el bien del otro por el otro mismo, no por lo que da. De esta forma, el orgullo viene de ver en el hijo su capacidad de amar, de comprometerse, de actuar desde su conciencia, de ser libre y responsable al mismo tiempo.
En otras palabras, si un hijo aprende y decide que sus acciones están encaminadas a hacer el bien a los demás, los valora y los trata de acuerdo con su dignidad humana, entonces con mayor razón un padre debería estar orgulloso de su propio hijo. Por eso, qué gran logro de un padre es ver a un hijo convertirse en una buena persona que ve por el bien de los demás.
Lo que como sociedad podemos hacer
En México, muchos padres trabajan jornadas extenuantes para sostener a sus familias. Las políticas de licencia de paternidad son limitadas y poco utilizadas, en parte por presión cultural, en parte porque en muchos empleos tomarlas tiene un costo real. El sistema no está diseñado para que los padres estén presentes: los premia por producir, no por ser papás.
A esto se suma que los programas de apoyo a la paternidad son escasos. Hay muchos espacios para acompañar a madres (necesarios también); hay muy pocos para acompañar a padres. Los hombres que quieren ser padres presentes muchas veces no tienen modelos, no tienen redes, y no tienen espacios.
Como sociedad, tenemos la responsabilidad de crear esas condiciones. Desde políticas públicas que garanticen licencias de paternidad reales, empresas que no penalicen a los hombres que quieren estar presentes en la crianza, escuelas y comunidades que hablen de paternidad no solo como obligación económica, sino como vocación humana, organizaciones civiles que pongan el tema en la agenda.
Una invitación para este Día del Padre
Si eres padre: este día no es solo para recibir un abrazo o un desayuno. Es una oportunidad para preguntarte si tus hijos saben que los ves, que crees en ellos, que te sientes orgulloso de quiénes son, no solo de lo que logran. Quizás hoy sea un buen día para decirles textualmente: “Hijo, estoy orgulloso de ti”.
Si eres hijo: si tienes la fortuna de tener un padre presente, dile también que estás orgulloso de él. Y si tu padre estuvo ausente, física o emocionalmente, recuerda que esa herida puede sanar, y que el ciclo puede romperse. Ser padre o madre presente es una decisión que se toma cada día, no una herencia inevitable.
En tiempos de la Copa Mundial de Fútbol 2026 te hacemos la siguiente pregunta, ¿qué prefieres, que México gane el Mundial o que tu padre te diga (o hubiera dicho) “hijo, estoy orgulloso de ti”?
ConParticipación
[2] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2021/EAP_PAPAS21.pdf
[3] https://animalpolitico.com/sociedad/ausencia-paterna-mexico-madres-trabajadoras
[5] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2021/EAP_PAPAS21.pdf
[6] https://www.psico.mx/articulos/las-heridas-emocionales-causadas-por-un-padre-ausente