En las noticias de febrero de 2026 hemos visto con alegría la participación de algunos mexicanos en los Juegos Olímpicos de invierno. Aunque en nuestro país los deportes invernales no son muy populares, no obstante, México ha estado presente y en algunos casos hemos visto participaciones muy alentadoras, como el caso de los mexicanos Sarah Schleper y su hijo Lasse Gaxiola, que participaron ambos, como madre e hijo, en las mismas olimpiadas. Ahora bien, la otra cara de la moneda es que también vemos noticias tristes, que nos muestran situaciones de violencia dentro y fuera de las familias. El hecho de que ahora todo pueda videograbarse acentúa el que nos demos cuenta de muchos eventos de agresiones dentro y fuera de los hogares, o discusiones que terminan en tragedias. 

Es triste que se den divisiones. Por eso, es valioso recordar que hay momentos, lugares y símbolos que nos vuelven a unir. Son ocasiones de volver a conectarnos con México y entre nosotros como mexicanos.

Un ejemplo de esto es la bandera de nuestro país, que celebramos en febrero de cada año. Más allá de los momentos de la escuela en que todos tienen que repetir “Bandera de México…” y los honores a la bandera cada semana, podemos decir que nuestro símbolo patrio es un vínculo que nos conecta y nos identifica. Podemos mirar a la bandera y saber que hay algo en lo que todos, independientemente de nuestras diferencias, nos sentimos conectados.

La bandera que une lo diverso

En la bandera de México, tal como la tenemos actualmente, se incorporan elementos de la historia que han dado lugar a nuestra nación: desde el símbolo del águila y la serpiente, hasta los colores que se han hecho presentes en las diversas versiones que ha tenido nuestro símbolo nacional. La bandera nos ayuda a recordar que somos el resultado de un encuentro de culturas, que tenemos una identidad que incorpora  muchas realidades que coexisten en regiones muy distantes una de otra, y con costumbres distintas. México nos conecta no de forma abstracta, sino que nos une en torno a una historia, valores y cultura comunes. 

En nuestro país, por ejemplo, nos une la solidaridad y la capacidad de sumarnos cuando hay desastres o problemas. También nos une una profunda reverencia a la familia, el respeto a los mayores, y la calidez de las relaciones familiares. Igualmente, en México somos sensibles a la fe como un valor cultural que está presente en diversas expresiones. La riqueza culinaria de México, así como es diversa, tiene en común que se manifiesta abundantemente en torno a los eventos sociales como las bodas, los XV años, las piñatas, etc. La bandera es un símbolo de esta riqueza cultural de nuestro país.

La tentación de negar al otro en nombre de México

Existe el riesgo de que algunos sientan que una idea particular, como por ejemplo, la lealtad a una causa social, o a una orientación política, debe sustituir la identidad nacional. Eso equivaldría a sustituir la bandera nacional con otra y secuestrar dicha identidad. Así ha sucedido en el tiempo. Por ello, por ejemplo, existe una ley que muy claramente prohíbe manipular la bandera nacional o usarla para fines comerciales o políticos particulares [1].

El día de la bandera nos invita a pensar en un amor y lealtad a México que trascienda nuestras posiciones particulares.

Es peligroso pretender que la propia posición política, o el partido político en el que se milite, deba ser considerado el único y genuino camino para amar a México y construir un futuro como nación. Ese nacionalismo mal entendido llevaría a que se considerara como traición a la patria cualquier expresión política distinta de la propia, o a que se justificara cualquier acción de un partido político como voluntad manifesta y exclusiva del amor al país. México no puede dividirse ni dividirnos por colores de partido. Más bien, debemos aprender a amar a México desde diversas expresiones político-partidistas.

Dice Aquiles Chicu Amparán en su artículo “Símbolos y colores nacionales” lo siguiente: “La realidad está preñada de símbolos. [Son] representaciones, cosas que están en lugar de otras. El semáforo de la esquina no es la ordenación del tráfico. Está ahí para representar esta función. (…) En la época moderna los gobernantes de los Estados-nación practican un estilo político que constantemente remite a los ciudadanos al culto nacional” [2]. 

En 2026 debemos estar ya conscientes de que no es lo mismo unidad que uniformidad, y que el amor a nuestra patria pasa por la capacidad de construir acuerdos a partir de visiones que difieren en el modo, pero no en la esencia.

El desafío para México en 2026

Celebrar el Día de la Bandera en 2026 nos debe hacer conscientes de nuestras responsabilidades como mexicanos, unidos en lo que nos toca a todos, y capaces de dialogar y construir acuerdos. En ConParticipación creemos firmemente que poner la dignidad humana al centro nos conduce a alcanzar el mayor y más benéfico progreso para el país, donde las familias sean la primera célula de la sociedad, y el Estado sirva como comunidad de familias al servicio de la persona, en vez de un ente abstracto que controle la vida de los individuos.

México sufre por la violencia, el debilitamiento del estado de derecho, por una persistente sensación de vulnerabilidad a manos del crimen en todos sus niveles, desde el robo hormiga hasta el crimen organizado. Sufrimos cuando vemos que los niños, adolescentes y jóvenes se involucran en acciones que los dañan a ellos mismos y dañan a otros, a veces con formas crueles o incluso sangrientas. Nos duele ver la superficialidad con la que se considera que el aborto es algo respetable, y se pierde de vista la tragedia que supone quitarle la vida a un hijo en gestación, donde la madre se convierte en víctima y verdugo.

Conclusión

Tres compromisos que podemos tomar en el Día de la bandera:

  1. Reconocer en familia y en comunidad lo que nos une por encima de lo que nos divide. Rechazar, por tanto, que una posición partidista nos impida reconocer lo bueno y señalar los errores de nuestros gobernantes.
  2. Tomar conciencia de las necesidades que hay en nuestra familia y en nuestra comunidad (escuela, empresa, colonia) para alcanzar una mejor convivencia que ponga la dignidad de la persona humana al centro. La bandera es un símbolo visible de nuestro país, pero la dignidad de la persona debe ser ese tejido invisible que nos une.
  3. Promover el bien de la familia y el desarrollo de la sociedad con palabras y acciones que superen la queja y el resentimiento. Debemos construir, más que dividir. 

Renovemos nuestra conciencia de que el Día de la bandera es un día que nos recuerda que el bien de todos es tarea de todos. 

ConParticipación

Fuentes:

[1] cf. Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, art. 32 bis https://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/LEBHN.pdf.

[2] cf. https://polismexico.izt.uam.mx/index.php/rp/article/view/487/482.