En muy pocos días celebraremos el Día de la Mujer. Quizá para muchos es un día como cualquier otro, pero en realidad es una conmemoración que ha ido adquiriendo cada vez más relevancia, en parte porque se ha hecho mediática, pero por otro lado, y en un sentido más positivo, porque se ha ido poniendo en el reflector cada vez más el papel que juegan las mujeres en la sociedad.
De hecho, ese es el sentido de este blog, que realizamos en colaboración con Un Día Por Todas (UDPT), organización con la que trabajamos mano a mano y que se dedica a la promoción de la dignidad de la mujer. Justamente UDPT está iniciando la promoción de su campaña anual que en esta ocasión tiene como tema: “Mujeres que sostienen al mundo”. Quizá te preguntes, ¿acaso los hombres no sostienen al mundo también? No pretendemos entrar en una competencia, sino mas bien, en el marco del Día de la Mujer, queremos visibilizar y valorar la aportación de las mujeres —muchas veces ignorada— en la construcción de las familias y de sociedades más humanas, así como reconocer que sus talentos, visión y perspectiva enriquecen e impulsan cualquier ámbito donde ellas estén presentes.
¿Dónde están presentes las mujeres?
Es probable que en la actualidad damos por hecho que la mujer trabaja, participa, ocupa puestos de liderazgo. Pero no siempre fue así a lo largo de la historia. Aquí algunas estadísticas interesantes de la participación de las mujeres en distintos ámbitos de la sociedad. En algunos casos se incluye el comparativo de la participación de los hombres.
En la política
- Según la ONU, a nivel mundial México ocupa el lugar 17 en número de mujeres que encabezan ministerios —lo que en México son las secretarías— (información al 1.º de enero de 2025), con una participación del 45% de mujeres en estos puestos, es decir, 9 de 20 [1].
- Según la misma ONU, en cuanto al número de mujeres en parlamentos —en el caso de México en el Congreso de la Unión— la participación de las mujeres es del 50.2%, lo que ubica a nuestro país en el 4.º lugar a nivel mundial en este tipo de participación [2].
- En el año 2022, como titulares de municipios o alcaldías, las mujeres ocupaban el 28.9% de esos puestos [3].
En la ciencia
A 2021 las mujeres representaban alrededor del 38% del total de investigadores en el Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt. Las áreas de estudio en las que más participan son Humanidades y Ciencias de la Conducta (18.8%), Ciencias Sociales (18.6), Biología y Química (17.3) [4].
En puestos directivos y otras posiciones laborales [5]
- Las mujeres ocupan el 39.2% de los puestos clasificados como funcionarios y directivos, en contraste con el 60.8% que ocupan los hombres (según datos de la ENOE, 4.º trimestre de 2022).
- Un reporte del IMCO y Kiik Consultores de 2025 realizado con base en alrededor de 200 empresas listadas en la bolsa de valores, señala que la participación de las mujeres es del 14% de las sillas en los consejos de administración, frente a 13% en los últimos dos años.
- El 13% de esas mismas empresas no cuenta con mujeres en consejos ni direcciones importantes en 2025, frente a 21% en 2024.
- En cuanto a otras posiciones laborales, según la ENOE 2022, del total de empleos calificados, las mujeres tienen las siguientes participaciones: un 63.9% trabajadores de la educación, 62.5% trabajadores en servicios personales, 55.7% son oficinistas, 44% son profesionales, técnicos y trabajadores del arte.
Contribuyendo en la economía del país
- En la Población Económicamente Activa (o PEA por sus siglas, que es el porcentaje de la población de 15 años o más), las mujeres participaron en un 45.6% al 2025 [6], por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que es del 67%. Países como Chile, Colombia o Costa Rica tienen una participación de la mujer en la PEA de alrededor del 70% [7].
- De 2005 a 2025 el incremento de participación de las mujeres en la PEA solo fue de 5 puntos porcentuales. Los hombres tienen un 74.3% de participación a 2025 [8].
En los hogares
- Mujeres jefas de hogar
Según datos del Censo de Población y Vivienda 2020, en México, en 33 de cada 100 hogares, las mujeres fueron las jefas del hogar. Esto significa que había 11.5 millones de hogares encabezados por mujeres [9].
b. Hablemos del trabajo del hogar y de cuidados: ¿se le debe poner un número?
Desde hace algunos años este tema ha generado intensos debates. Entre otros puntos que se discuten es el tiempo que las mujeres dedican a este tipo de actividades, que debería valuarse monetariamente este trabajo y hay quienes hasta proponen un “sueldo”.
Solo para darnos una idea de lo anterior se reporta que [10]:
- El 73% del trabajo del hogar y de cuidados es realizado por las mujeres (datos de 2025).
- Según el IMCO este trabajo no remunerado tiene un valor económico equivalente al 24% del PIB nacional y es mayor al valor de sectores estratégicos como el de la industria manufacturera (20%) y el comercio (19%).
- El INEGI valúa este trabajo en 8 billones de pesos (datos de 2024).
Ahora bien, ¿cuál podría ser nuestra reflexión de este tema? En la cultura actual, donde todo parece estar sujeto a la mercantilización, incluso las personas —la prostitución, la gestación subrogada, entre otros—, no parece extraño ponerle precio también a un “trabajo” que literalmente sostiene a la sociedad. E incluso, parece que si no se le pone precio, no vale. Pero si tomamos una mirada centrada en la persona, notamos que muchos trabajos o actividades que no se pagan son valiosos y dignifican: quienes acompañan a personas que sufren, quienes rescatan personas de la calle, quienes llevan comida a los hospitales para los familiares de enfermos, y cualquier tipo de voluntariado que no se paga. Y qué decir del trabajo de una madre —y también de un padre—, que alimenta, viste, cuida, cura, educa a los hijos, que es uno de los trabajos más importantes de la sociedad. ¿Por qué no vemos este trabajo como una contribución social real que no siempre pasa por el mercado? Esta premisa, de que no todo lo que sostiene a la sociedad es remunerable, es apoyada por Rosario Aguirre, autora del libro Las bases invisibles del bienestar social [11]:
Una importante cantidad de investigadores/as han criticado el pensamiento establecido que asimila el trabajo a la actividad realizada de forma remunerada y para el mercado, debido a que la participación remunerada de las personas en la producción de bienes y servicios no basta para la satisfacción de las necesidades humanas y para mantener la integración social.
Los trabajos domésticos y de cuidado forman parte de la vida cotidiana. Y ante las estadísticas mostradas podríamos preguntarnos, ¿de qué forma podemos hacer más equitativo este trabajo? ¿Qué podemos hacer para que en la sociedad, las mujeres que dedican muchas horas a este trabajo y tengan necesidades (de salud, económicas, emocionales, de desarrollo personal) puedan ser apoyadas?
Aunado a lo anterior, pensamos que el tema del trabajo del hogar y de cuidados está relacionado con nuestra cultura y costumbres. Tal vez es momento de repensar los roles culturales, en vista de que la mujer se ha integrado más al mundo laboral, debido a la situación económica que atraviesa el país y que orilla a muchas familias a tener dos sueldos. Y también hay que decirlo, desde el momento en que vives en una casa y formas parte de un hogar, tienes responsabilidades de cuidados del hogar y de sus miembros. Esto incluye a los hijos, y de hecho, forma parte de la educación para la vida enseñarlos a tomar responsabilidades de tareas domésticas de acuerdo a su edad.
Para que en verdad pueda haber más equidad en la distribución del trabajo de cuidados, sin duda salta a la discusión el tema de las políticas laborales. Se requieren reformas que consideren que tanto hombres como mujeres no solo son trabajadores sino que también viven en una realidad familiar con responsabilidades. Hablamos de reformas como flexibilizar horarios, prestaciones para quienes fungen como cuidadores, licencias de paternidad, licencias cuando un hijo tiene una discapacidad, o cuando se tiene un adulto mayor en casa, entre otras.
Creemos que lo importante es que este tema se aborde desde la corresponsabilidad, tanto entre los miembros de la familia, como a nivel sociedad y gobierno. Que haya equidad y equilibrio, que quienes realicen el trabajo de cuidados, sean hombres o mujeres, lo hagan con libertad, sin sentirse ahogados o abrumados por la carga, y que tengan los apoyos necesarios para realizarlos. Asimismo, que se reconozca socialmente el valor del cuidado sin que se vacíe de su dimensión relacional y humana. Porque detengámonos a pensar: todos en algún momento de la vida, tuvimos que ser cuidados, o necesitaremos que nos cuiden. Ante esta realidad no podemos separar el valor de la solidaridad, que nos llama a velar por quien más lo necesita, y el del respeto a la dignidad humana, que nos impulsa a hacer lo posible para que cada persona viva dignamente, en especial cuando se trata de los más vulnerables.
Sabemos que el Gobierno de México ha emprendido la creación del Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados, que busca “reconocer, redistribuir y dignificar las labores de cuidado en México” [12]. Esperemos que las acciones y programas que se implementen en este sistema verdaderamente contribuyan a que las familias puedan tener a la mano los apoyos necesarios para realizar las tareas de cuidados, que sean soluciones que respeten la dignidad humana y la autonomía de las familias, y que promuevan la equidad y la corresponsabilidad, en lugar de promover una cultura de división o de señalar “culpables” entre hombres y mujeres.
Conclusión
Después de este recorrido de la presencia de la mujer en la vida social y privada, y de la importancia de su contribución, ¿qué reflexiones podemos realizar? En primer lugar, se hace necesario valorar y agradecer la aportación de las mujeres, quienes brindan al mundo humanidad, sensibilidad, orden, calidez, atención al detalle, empatía, protección, y tantas otras características propias de su esencia.
En segundo lugar, reconocer que aunque la participación de la mujer ha ido incrementando a lo largo de los años, aún falta camino por recorrer para que niñas, adolescentes y mujeres adultas tengan una participación más plena en todos los ámbitos, y para que cuenten con los apoyos necesarios para su desarrollo personal y profesional.
Y en tercer lugar, nos parece que en cuanto al tema de los cuidados, hay que reiterar que todos estamos llamados a ser corresponsables, y socialmente, a visibilizar y valorar el trabajo de cuidados. Creemos que en especial hay que apoyar a las madres y también a los padres que están solas/os y tienen que trabajar para sostener a su familia. Crear las políticas y las condiciones para que no caigan en pobreza, y para que tengan una vida digna tanto cuidadores como personas que necesitan los cuidados.
Y tú, ¿qué opinas? Ojalá que nos compartas tus reflexiones en nuestras redes sociales.
Fuentes:
[1] https://www.unwomen.org/sites/default/files/2025-03/women-in-politics-2025-es.pdf
[2] Ibid.
https://imco.org.mx/mujeres-en-las-empresas-2025/
[6] INEGI: https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/iooe/IOE2026_01.pdf
[7] https://imco.org.mx/las-mujeres-son-el-empuje-que-necesita-la-economia/
[8] https://imco.org.mx/wp-content/uploads/2026/02/Comunicado-Monitor-Mujeres-en-la-Economia-6.pdf
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/iooe/IOE2026_01.pdf
[9] https://cuentame.inegi.org.mx/explora/poblacion/hogares/
[10] https://imco.org.mx/monitor-mujeres-en-la-economia/
https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/tnrh/CSTNRHM2024_CP.pdf