En un par de días conmemoramos el Día del Trabajo (1.° de mayo). Más allá de que sea un día de descanso obligatorio en nuestro país, esta fecha es una buena oportunidad para reflexionar sobre la situación laboral de México. Para ello partiremos de algunas estadísticas y aterrizaremos en una reflexión encaminada a las políticas laborales y a la relación familiar.
Este día internacional tiene su origen en la represión de una manifestación obrera en Chicago, Estados Unidos, que ocurrió justamente el primer día de mayo del año 1886. En México, durante la Revolución Mexicana, la Casa del Obrero Mundial unificó a varias organizaciones obreras y sus afiliados decidieron recordar el 1.º de mayo como día internacional del trabajo a partir de 1913 [1].
Es un día feriado, pero también es una invitación a detenernos, a que pensemos en serio en lo que significa el trabajo para nuestras vidas y para la sociedad, Y es que hablar del trabajo no se trata solo de dinero, discursos entre sindicatos y empresas. Hablar del trabajo es hablar de la vida de millones de personas. Hombres y mujeres que madrugan, que salen a buscar el pan para sus familias, que se enfrentan a dificultades reales, pero que también a través del trabajo encuentran realización personal.
Este 1.° de mayo queremos mirar el trabajo desde otro ángulo: desde la dignidad humana, desde la realidad familiar, desde las heridas abiertas y también desde los avances que no podemos dejar de reconocer. Es cierto que, cuando pensamos en el trabajo, con frecuencia lo primero que viene a nuestra cabeza es cómo generar más dinero, cómo ser más productivo y rendir más, y a veces olvidamos que el trabajo no es solo una herramienta económica. Es parte esencial de nuestra identidad como personas.
Trabajar nos permite sentirnos útiles, aportar a la comunidad, sostener a los nuestros. También nos ayuda a desarrollar habilidades, a crecer, a aprender de otros. Quien ha experimentado la satisfacción de un trabajo bien hecho sabe que el salario es solo una parte de la recompensa. Pero cuando el trabajo se convierte en explotación, en rutina deshumanizante, en una carga excesiva o lamentablemente en un espacio de violencia, se vulneran derechos. Por eso es tan importante hablar del trabajo con seriedad, con datos, pero también con empatía.
Hablando de seriedad, queremos recordarte que incluso el trabajo está estipulado en el artículo 123 de nuestra Constitución, que expone inicialmente que: “Toda persona tiene derecho al trabajo digno y socialmente útil; al efecto, se promoverán la creación de empleos y la organización social de trabajo, conforme a la ley” [2].
Históricamente hemos logrado los siguientes hechos que fortalecen el derecho al trabajo [3]:
- Jornada máxima de ocho horas diarias.
- Jornada máxima de siete horas para el trabajo nocturno.
- Prohibición de labores insalubres o peligrosas.
- Prohibición para emplear a menores de 14 años.
- La jornada máxima de trabajo será de seis horas diarias para los jóvenes que rebasan los 14 años y sean menores de 16.
- El goce de, por lo menos, un día de descanso por seis de trabajo.
- Protección especial para la trabajadora embarazada.
- A trabajo igual debe corresponder salario igual, sin considerar sexo ni nacionalidad.
- El establecimiento de una comisión nacional integrada por representantes de los trabajadores del gobierno para fijar los salarios mínimos.
- Los salarios mínimos deben ser suficientes para satisfacer las necesidades básicas de un jefe de familia en lo material, social y cultural.
- El salario mínimo debe quedar libre de embargo, compensaciones o descuentos.
- Los trabajadores tienen derecho a un reparto de utilidades de la empresa.
- El trabajo extraordinario, es decir, fuera del horario establecido, debe pagarse doble.
- Las empresas deben obligatoriamente capacitar a sus trabajadores.
- Las instalaciones del centro de trabajo deben ser higiénicas, seguras y prevenir accidentes
- Derecho de huelga de los trabajadores.
- Trabajadores y empresarios tienen derecho a agruparse en defensa de sus intereses, es decir, pueden formar sindicatos.
Todo lo descrito anteriormente está en la ley, sin embargo, en algunas ocasiones no concuerda lo dicho con el hecho, como dicen por ahí “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Para dimensionar la situación laboral en México, hay que observar dos indicadores fundamentales.
- La tasa de desocupación: según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la tasa de desempleo en México al corte de febrero del 2025 fue del 2.6%. Aunque esta cifra puede parecer baja, no refleja la complejidad del panorama: muchos de los que “tienen trabajo” lo desempeñan en condiciones precarias, sin derechos o sin seguridad [4].
- Ocupación formal vs. informalidad: para el cuarto trimestre del 2024, la tasa de informalidad laboral (que es el porcentaje respecto a la población ocupada) era del 54.5 según el mismo INEGI. Esto significa que un poco más de la mitad de población ocupada no tiene acceso a seguridad social, prestaciones, pensión ni estabilidad laboral. Muchos viven al día, con ingresos bajos e inseguros [5].
- Trabajo infantil: en 2022, 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años realizaban trabajo infantil, lo que representó una tasa de 13.1% de la población de ese grupo de edad [6].
Estos números nos deben doler o mínimo cuestionarnos, porque detrás de ellos hay rostros concretos. Está la madre soltera que vende en la calle sin protección alguna; el joven que trabaja en una app de reparto sin contrato; el adulto mayor que, sin ahorro ni pensión, sigue trabajando para sobrevivir.
Pongamos un rostro, María. Una mujer de 32 años, embarazada de su segundo hijo. Trabaja en una tienda de ropa desde hace tres años, pero cuando su jefa se enteró de su embarazo, comenzaron los turnos más pesados, las exigencias injustas, y finalmente una “renuncia voluntaria” que en realidad fue un despido disfrazado. Como ella, miles de mujeres son discriminadas cada año en México por el simple hecho de ser madres.
O en Samuel, un joven ingeniero recién egresado que, tras meses de buscar trabajo, lo consigue en una empresa prometedora. Pero pronto descubre que trabajar ahí significa estar conectado 24/7, contestar correos en la madrugada y renunciar a todo proyecto personal. Vive estresado, ansioso, sin energía para nada más.
Son historias que no siempre aparecen en los informes, pero que reflejan lo que muchos viven. Por eso, el desafío no es solo crear empleos, sino generar condiciones dignas, humanas, justas.
Hoy más que nunca es necesario preguntarnos: ¿trabajamos para vivir o vivimos para trabajar?
Este 1.° de mayo no se trata solo de recordar una lucha histórica, ni de colgar una bandera. Se trata de abrir los ojos. De mirar al trabajador como persona, como ser humano con derechos, con familia, con historia. Si logramos construir un modelo laboral centrado en la persona y no solo en la producción, ganamos todos. Empresas con trabajadores más comprometidos. Familias más unidas. Jóvenes menos frustrados. Una sociedad más justa. Porque cuando el trabajo se convierte en un espacio donde la persona puede crecer, desarrollarse, entonces no solo tenemos mejores trabajadores, tenemos mejores personas. Y eso, más que cualquier meta económica, debería ser el verdadero objetivo pues a la larga redunda no solo en mejores empresas y organizaciones, sino en una mejor sociedad.
ConParticipación
Fuentes:
[1] https://www.gob.mx/profedet/articulos/1-de-mayo-dia-del-trabajo-105473?idiom=es
[2] https://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/CPEUM.pdf
[3] https://www.gob.mx/profedet/articulos/1-de-mayo-dia-del-trabajo-105473?idiom=es
[4] https://www.inegi.org.mx/temas/empleo/#informacion_general
[5] Ibid.
[6] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2023/ENTI/ENTI_23.pdf