Sea por moda, o por la idea de tener un mejor rendimiento físico para enfrentar situaciones laborales o de estudio, muchos han recurrido a las bebidas energizantes. Lo cierto es que nos han sabido vender la idea de que las bebidas energizantes son potenciadores inofensivos de rendimiento. Al ser un tema de actualidad, tuvimos una mesa de tesis titulada «Bebidas energizantes y salud de menores de edad», la cual fue presentada por la Mtra. Karina Salazar, con estudios de licenciatura y maestría en nutrición, catedrática de la UDEM y nutrióloga olímpica. La presentación formó parte de una dinámica de la Arquidiócesis de Monterrey realizada en colaboración con nuestra organización para generar una tesis de discernimiento y pautas de acción sobre temas de actualidad.
Definición y composición de las bebidas energéticas
La Mtra. Karina Salazar comenzó definiendo a las bebidas energéticas como una categoría de «bebida no alcohólica con alto contenido de cafeína o taurina o guaraná o ambas, azúcares, edulcorantes artificiales y vitaminas del complejo B”.
Estos compuestos aportan una condición de energía aparente, actuando como estimulantes:
- Cafeína: es un estimulante del sistema nervioso central que mejora la alerta y disminuye la percepción de la fatiga. Es el componente con mayor riesgo de generar dependencia, y suspenderlo puede provocar el «síndrome de abstinencia».
- Guaraná: es un extracto vegetal que por su contenido de cafeína ofrece un efecto estimulante adicional.
- Taurina: es un aminoácido que busca aumentar los niveles de energía y promover las funciones musculares.
- Azúcares: hidratos de carbono añadidos para mejorar el sabor y aumentar la glucosa en sangre, correlacionados con el riesgo de obesidad y diabetes.
Es necesario hacer una diferenciación crucial: una cosa es una bebida energética y otra una bebida deportiva (isotónica). Estas últimas no contienen cafeína ni estimulantes, sino azúcares, sodio y potasio/electrolitos, esenciales para reponer las pérdidas por sudoración en la actividad física.
Datos estadísticos y riesgos asociados
La ponente presentó datos que evidencian la creciente preocupación por el consumo de bebidas energéticas en menores de edad, un aumento impulsado en gran parte por el marketing digital, los influencers y la cultura de los videojuegos; esta última requiere mantener el estado de alerta de los consumidores.
Consumo mundial 2024: el primer lugar en consumo global lo ocupa Norteamérica con un 31% de consumo, en segundo lugar se encuentra Sudamérica.
Dosis máxima de cafeína
La recomendación general es no exceder los 3 mg por kilogramo de peso corporal.
- Para un adulto promedio de 70 kg, el límite es de 210 mg/día (equivalente a 2 o 3 tazas de café).
- Para un adolescente de 40 kg, la dosis máxima sería de 120 mg/día en donde con una taza de café, casi llega al tope.
- Exceso en bebidas: la norma mexicana 051 establece un máximo de 33 mg por cada 100 ml. Sin embargo, una bebida energética de 500 ml aporta aproximadamente 160 mg de cafeína, excediendo el límite recomendado para un menor.
- Azúcar simple: una sola lata de bebida energética puede aportar entre 40 a 50 gramos de azúcar, lo que duplica o triplica la ingesta diaria recomendada para adolescentes, que es de 20 gramos.
- Intolerancia genética: se estima que aproximadamente el 20% de la población puede tener intolerancia genética a la cafeína, lo que incrementa el riesgo de daño.
Efectos adversos y científicos
El consumo crónico de estas bebidas en menores, que aún están en desarrollo y crecimiento (especialmente el desarrollo cerebral), ha sido asociado con múltiples riesgos. La ponente expuso algunos de ellos:
- Riesgos cardiovasculares y neurológicos graves: el consumo en dosis elevadas puede provocar «graves eventos adversos en la salud como taquicardias, arritmias y convulsiones».
- Daño cognitivo y cerebral: la cafeína en menores puede afectar considerablemente el «desarrollo cerebral, interfiriendo en patrones del sueño REM», lo que está asociado con desafíos de la «retención de memoria y la atención».
- Salud mental y emocional: estudios de revisión en miles de adolescentes confirman que el alto consumo se relaciona con un elevado nivel de estrés , mal sueño y bajo rendimiento escolar. La ponente afirmó: «El consumo habitual de bebidas energéticas sí definitivamente aumenta el riesgo de alteraciones emocionales graves en jóvenes», incluyendo agresividad, fatiga crónica y comportamiento autodestructivo.
Problemas culturales y pautas de acción
La Mtra. Salazar identificó la problemática en un contexto de «cultura hiperactiva» y «poco descanso», donde la necesidad de aguantar el ritmo de actividades impulsa a los jóvenes a buscar estimulantes. Consumir estas bebidas de forma crónica trae un incremento en la fatiga, altera el sueño y ocasiona problemas de salud a largo plazo, en particular en los menores de edad.
La psicología de la prohibición
Un punto central es el impacto de la prohibición: «Es importante estar reforzando que la prohibición psicológicamente tiene un aspecto básico de «quiero»«. La clave no es la restricción radical, sino la educación y el fomento de la salud. En este sentido, el consumo se vuelve un problema cuando la dosis es excesiva, pues «no existen alimentos buenos ni malos (…), en la dosis se hace el veneno», indica la Mtra. Salazar.
Riesgo inminente: el riesgo más peligroso y de prohibición absoluta es «no mezclar bebidas energéticas con alcohol», lo cual es un problema creciente en la juventud.
En lugar de eliminar, la ciencia sugiere sustituir los hábitos, aplicar el síndrome de abstinencia: «La ciencia ha confirmado que no se quita, se sustituye». Las pautas fundamentales para abordar el problema incluyen:
- Educación y diálogo: «Yo escucho mucho a los adolescentes más allá de hablar con ellos», indica la Mtra. Salazar. Es fundamental escucharlos para entender si el consumo es por gusto, hiperactividad, o simplemente por la necesidad de pertenecer o estar de moda.
- Regulación y etiquetado: mejora de la NOM-051 y las etiquetas para que sean de fácil lectura, indicando los contenidos por lata completa y no por porciones, y reforzando claramente los riesgos.
La importancia de fomentar hábitos saludables:
- Priorizar la ingesta de agua, recordando que el cuerpo está 73% compuesto de ella, y la deshidratación crónica afecta el metabolismo. Se debe reforzar la regla básica de los 2 litros de agua.
- Promover el sueño de 8 horas, esencial para el desarrollo cerebral de los jóvenes, pues la bebida energética «no sustituye el sueño».
- Impulsar una dieta equilibrada (cinco comidas, proteínas al despertar, consumo moderado de frutas y verduras) como alternativa natural para la energía.
- Promover un mejor bienestar físico y mental sin necesidad de recurrir a estimulantes.
La problemática de las bebidas energéticas se ha convertido en un tema de riesgo a nivel mundial. Por ello, las pautas de acción se enfocan en una estrategia integral de educación involucrando a familias, escuelas y gobierno.
ConParticipación
Fuente:
Mesa de tesis «Bebidas energizantes y salud de menores de edad», 17 de octubre de 2025, en: https://www.youtube.com/watch?v=ndUvnDK7ck4