En el blog anterior te hablamos sobre la violencia y el crimen organizado, que cada vez más aumentan en nuestro país y que han sido tomados como tema en la cultura popular para crear canciones, series, películas, y diversos contenidos que hacen apología del delito. Comentamos que estos productos de la cultura ya parecen haberse normalizado en la sociedad, probablemente como consecuencia de que los ciudadanos se han acostumbrado a la violencia. Esta es una situación que como sociedad debería alarmarnos. En este blog continuamos el tema; expondremos algunos ejemplos en los que se presenta la apología del delito y concluiremos con una reflexión crítica.
Ejemplos de apología del delito
Un claro ejemplo de la apología del delito es a través de la interpretación de canciones conocidas como narcocorridos o también de las llamadas gangsta rap, las cuales presentan al crimen organizado como modelos a seguir. Es importante que tengamos en cuenta que la música tiene influencia para promover una cultura, y por tanto, un mensaje, es un medio idóneo. Los narcocorridos entonces pueden influir en la percepción pública, y de hecho, ser considerados como apología del delito.
La banda Los Alegres del Barranco en su canción “El Dueño del Palenque”, habla de Nemesio Oseguera “El Mencho”, quien es líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Este grupo hizo un “homenaje” a dicho criminal en un concierto en Guadalajara, en el Auditorio Telmex. Al interpretar dicha canción proyectaron imágenes de Oseguera en las pantallas gigantes. Lo anterior fue reprobado por muchos, incluso por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien pidió investigación por apología del delito. Además de esto, el Auditorio Telmex, ubicado en Zapopan, sitio en donde opera el CJNG, fue sancionado y se abrió una carpeta de investigación por parte de la Fiscalía del Jalisco [1].
Otro sonado caso es el del cantante Natanael Cano, conocido no solo por cantar a la delincuencia en canciones como “La Ch y la Pizza”, sino también por nombrar a diferentes narcotraficantes en un concierto. Durante dicho evento, antes de interpretar una canción, dijo: “Hasta donde se encuentre, padrino, y arriba Jalisco”, y tras ello agregó: “Arriba JGL, arriba la maña, arriba ‘El Mencho’ (…)”. Ya en 2023 fue multado por cantar narcocorridos así como temas que incitaban a la violencia y denigración de la mujer. Así mismo, el cantante de corridos tumbados, Gabito Ballesteros, se suma a los cantantes que interpretan narcocorridos a pesar de ser multado en alguna ocasión por este hecho [2].
Cabe mencionar que además de los narcocorridos, existen series de televisión que presentan al narcotráfico en otros aspectos, incluso románticos o en un discurso que justifica la violencia.
En una acción reciente ante los polémicos narcocorridos y los conciertos antes mencionados, el diputado Arturo Ávila Anaya propuso reformar el Código Penal Federal para sancionar canciones, películas o videojuegos que promuevan delitos. Esta iniciativa busca que se modifique el artículo 208 de dicho Código para tipificar más claramente la apología del delito en medios de entretenimiento. Esta es una iniciativa que asegura no atentar contra la libertad de expresión, contempla sanciones penales y civiles para los responsables de dichos contenidos [3].
Nuestra reflexión: exaltar el crimen es promoverlo y normalizarlo
Hay varios aspectos de este fenómeno que llaman la atención. Vamos a desglosarlos en varios puntos.
La narcoviolencia se ha vuelto “cultura”
Los narcocorridos se han ido popularizando cada vez más y pareciera que ya son parte de la cultura. Y si bien la cultura es una expresión o reflejo de lo que sucede en la sociedad, cabría preguntarnos si no deberían tener un límite expresiones “culturales” como estas, y todos los demás contenidos en los que los miembros o líderes del crimen organizado son los protagonistas o incluso los héroes. ¿Y por qué limitar estas expresiones? Valdría la pena preguntarnos si en el contexto en que vivimos, donde los cárteles y grupos delictivos van adquiriendo más poder e influencia, será conveniente —o incluso si no será dañino— añadir a la realidad que ya se vive, la difusión de mensajes que refuerzan o normalizan al crimen organizado y sus participantes.
Se banaliza una realidad que daña al país
Por otro lado llama la atención que quienes asistieron a los conciertos que hemos referido coreaban las canciones que exaltan a los narcotraficantes, y además, en el concierto de Los Alegres del Barranco, celebraron en el momento en que apareció la imagen del “El Mencho” en las pantallas. ¿De qué nos habla esto? Es probable que esto ocurra porque las personas ya normalizaron escuchar, leer, y “respirar” la narcoviolencia en nuestro país, a tal grado de que se banaliza. La gente ya no se da cuenta de que eso que ven y escuchan no es ficción, sino una realidad muy preocupante y latente en nuestro país. Las personas de las que se habla en los narcocorridos y los grupos que encabezan son responsables de hacer accesibles las drogas a la población. Torturan, secuestran y asesinan. Extorsionan y exigen “pago de piso” a quienes honradamente trabajan, y poco a poco van tomando incluso el control de comunidades y pueblos. ¿Queremos promover a esos personajes?
Los niños escuchan un mensaje que va pareciéndoles “normal” y hasta aspiracional
Quizá no se ha pensado en el mensaje que se está dejando a los niños, adolescentes y jóvenes. Exaltar al crimen organizado y a los líderes del narcotráfico puede ir por lo menos sembrándoles la idea de que eso es “normal”. En el otro extremo, es posible que algunos sectores de la población perciban que pertenecer a grupos delictivos es aspiracional, y que les traerá la prosperidad económica que tanto esperan. Es necesario que los ciudadanos tomemos conciencia de esto, de las consecuencias que puede traer promover y consumir estos contenidos que normalizan e incluso elogian la violencia y el crimen. En realidad es una forma de propagarlos.
Conclusión: hay que reinstaurar la legalidad, vivirla y promoverla
Si nos vamos a la raíz de este fenómeno, nos encontraremos con un estado de derecho fallido y la desconfianza en el sistema de justicia. Hace falta reinstaurar la cultura de la legalidad a todos los niveles, y como ciudadanos exigir a las autoridades estrategias más eficaces para poner un alto a la violencia.
Pero si vamos a exigir también tenemos que ser corresponsables. La legalidad inicia en cada uno, en las pequeñas acciones de cada día dentro y fuera de nuestra casa. En practicar una cultura de valores en lo individual y como sociedad. Desde no dar “mordida”, actuar honestamente en el trabajo, respetar las leyes, denunciar los ilícitos, pagar nuestros impuestos, unirnos a alguna red de ciudadanos que presione a los gobernantes para que se aplique efectivamente la ley.
Quizá algunos piensen que de nada sirve todo esto si solo lo hacen unos pocos, y si ven que al ser honestos y respetar la ley nada cambia, entonces desisten. Pero tenemos que persistir en vivir y promover la cultura de la legalidad, conscientes de que rendirse solo traerá más violencia y corrupción.
Trabajemos para contrarrestar la apología del delito. Tolerar y aceptar el crimen organizado para algunos pudiera ser aceptable bajo ciertas circunstancias, pero en realidad al hacerlo corremos el riesgo de llegar a un estado fallido. Que no nos pase como el cuento de las ranas que están en la olla de agua en la estufa, que no se dieron cuenta cuando le fueron subiendo a la temperatura y de pronto ya estaban cocidas. El mal y la corrupción no se detienen solos, llegarán hasta donde los detengamos. Y el estado de derecho solo llegará en la medida en que nos comprometamos.
ConParticipación
Fuentes:
[3] https://conparticipacion.mx/narcocorridos-en-la-mira-presentan-iniciativa-para-sancionarlos/