En una entrevista reciente, Warren Hern, un conocido especialista de Colorado (EE. UU.) que realiza abortos tardíos, reconoció que hay mujeres que acuden a él para cometer abortos en el segundo o tercer trimestre del embarazo, aún y cuando no tienen problemas médicos, y que lo hacen solo porque no quieren continuar con el embrazo. Para Hern “el problema médico” es que la mujer está embarazada, si bien se sabe que un embarazo no es una enfermedad y que existen estudios que muestran que el aborto es mucho más peligroso que el embarazo para la salud de la mujer [1].
Al respecto, Casey Fiano-Chesser, de Live Action News, señaló: “Los abortistas no están matando a los bebés no nacidos porque las mujeres los necesiten debido a emergencias médicas. Lo están haciendo, simplemente, porque pueden”. Por su parte, Calvin Freiburger, quien colabora en LifeSiteNews, señaló que más de 50 000 abortos al año se realizan después de las 15 semanas (casi cuatro meses de embarazo), y aproximadamente 10 000 después de las 20 semanas (cinco meses). Además, publicaciones de Hern señalan que las “anomalías fetales” oscilan entre una quinta parte y una tercera parte de sus pacientes, y que la más común de esas “anomalías” era el síndrome de Down, “una condición que no es ni una sentencia de muerte ni siquiera una garantía de una vida infeliz”, señaló Freiburger [2].
Quienes practican abortos o los defienden al parecer ya no necesitan escudarse en los argumentos de las anomalías genéticas de los hijos en gestación o en la salud de la madre para cometer abortos o expresar su apoyo a dicha práctica. Preocupa la deshumanización que transmiten abortistas como Hern que no tienen reparo en decir que practican abortos hasta el tercer trimestre del embarazo solo porque la madre no quiere a su hijo. Preocupa también que no haya reacciones más contundentes de parte de la sociedad para defender las vidas de esos hijos. Hay mucho trabajo aún por hacer en el tema de la defensa de la vida humana.
ConParticipación
Fuentes:
[2] Ibid.